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lunes 1 de diciembre de 2008

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Pol Pot: El genocidio Camboyano olvidado




¿Que ocurre cuando cuando aparece un desequilibrado con gravísimos problemas psicológicos? Pues que le damos tratamiento y lo vigilimos o internamos en un hospital para que no se haga daño así mismo ni a los demás pero ... ¿Que pasa si ese loco llega al poder? Pues que pasa de ser un joven maestro llamado Saloth Sar hijo de agricultores a convertirse en Pol Pot, y esta es su historia.

Pol Pot caminando en un jardín de Beijing en la década de los 80.

Quizás muchos no lo conozcan, otros saben un poco la historia pero desconocen los detalles, la crueldad de la historia supera la ficción:

Camboya era un país de Indochina parte del Imperio Colonial francés. Japón, durante la segunda guerra mundial lo ocupa y al acabar la guerra Francia lo recupera para darle la independencia. Mientras Vietnam estuvo en guerra con los americanos, capitalismo contra comunismo, Camboya toma partido por los americanos tras un golpe de Estado y los comunistas de Vietnam se lanza contra el país, entra en escena Pol Pot.

Pol Pot había luchado de joven contra la ocupación francesa de su país, obtiene una beca para estudiar en París y allí funda los Jemeres Rojos que sería el Partido Comunista de Camboya. En 1963 es elegido Secretario General del partido, apoyado por los vietnamitas y chinos, la prioridad de estos fue echar a los americanos de Vietnam y luego buscarían que el comunismo se extendiera por Camboya, parece ser que los chinos lo trataron mejor que sus vecinos, un poco cansado de no actuar se va al norte del país donde vive con una tribu de montaña, allí se alimenta de raíces, duerme a la intemperie y podemos decir que empieza a perder la cabeza, cree que el ideal del comunismo es vivir de esa forma tan simple, que hay que desprenderse de lo material, ese mismo año empiezan brotes revolucionarios por todo el país, ha llegado su momento.

Los partidarios de Pol Pot controlan el norte del país, estos apoyan a los comunistas del vecino Vietnam, EEUU empieza a bombardear el norte de Camboya de forma secreta al mundo exterior, sin declaración de guerra oficial ni nada, la simpatía por los Jemeres Rojos aumenta junto con el sentimiento antinorteamericano y son aclamados ya por las calles, pocos imaginaban el horror que estaban cometiendo.

1970, golpe de Estado y la derecha se hace con el poder en Camboya para luchar contra los comunistas, tropas americanas entran en Camboya, pero los Jemeres Rojos tienen muchos voluntarios, su ejército es muy grande y poco a poco controlan más zonas del país, se hacen con la capital y algunas ciudades del centro.

Pol Pot consideraba que las ciudades eran antinaturales, eran inventos capitalistas por lo tanto las destruía, así mismo solo los campesinos eran gente honrada, admiraba su mísera forma de vida, todos los funcionarios públicos fueron ejecutados porque habían colaborado con el Gobierno, también los profesores fueron condenados a muerte sin juicio previo, su delito: "Inculcar valores que no coincidían con los de los Jemeres Rojos".

Pero Pol Pot creía que podía hacer mucho más por Camboya, 17 de abril de 1975, una fecha que Camboya nunca olvidará, cae Phnom Penh, la capital del país. Los dos millones de habitantes de la capital son forzados violentamente a dejar sus hogares para ir al campo. Saloth Sar comienza a usar el nombre de Pol Pot y declara el Año Cero para comenzar lo que considera la "purificación" de la sociedad camboyana del capitalismo, la cultura occidental, la religión y cualquier influencia extranjera. Está siempre en favor de un completo aislamiento del país, económicamente autosuficiente y un estado agrario maoista, intenta imitar a Mao y su gran salto adelante transformando toda la economía en agraria. Ninguna oposición es tolerada.

Todos los extranjeros son expulsados, las embajadas son cerradas, con excepción de la francesa, la moneda abolida, los mercados destruidos, las escuelas cerradas, destruidos los medios de comunicación social, los centros de culto y la propiedad privada abolida. Asesinados los miembros del gobierno de Lon Nol, (antiguo golpista apoyado por los americanos), servidores públicos, policías, militares, profesores, miembros de otras etnias, especialmente la vietnamita, religiosos cristianos, musulmanes y budistas, miembros de las clases medias e intelectuales.

Todas las ciudades y aldeas son vaciadas y sus habitantes denominados la "Gente del 17 de Abril". Todos los camboyanos son obligados a trabajar en campos de concentración agrarios. Las familias son separadas, los monjes budistas son obligados a trabajar y los niños son obligados a expiar a los adultos, incluida su propia familia. Sin contar los que sufrieton torturas y fueron asesinados directamente, se estima que al menos 1.5 millones de personas murieron en los campos de concentración de cansancio y enfermedades. El centro de interrogaciones y torturas más célebres es Tuol Slen, hoy un museo del genocidio, también era conocido como S-12. En el mismo 14.499 personas, incluidos hombres, mujeres, ancianos y niños, fueron torturados y ejecutados entre 1975 y 1978. Tan solo 7 personas de los que entraron a ese lugar sobrevivieron. Pero no era el único lugar, al menos 20 más operaban en todo el país.

La gente se muere en los campos de hambre aunque la producción de arroz ha aumentado brutalmente, el experimento pedagógico de Pol Pot no solo funciona, sino que no para de ejecutar personas. Todo trabajador que se queja, suspira por el esfuerzo o no es capáz de aguantar el ritmo de 16 horas diarias de trabajo en muchos casos es ejecutado.

Pol Pot cree ver conspiraciones por todas partes, llegamos a 1978 y lanza una campaña denominada "El enemigo oculto", todos los habitantes de Camboya tienen la obligación de delatar a otros, sino delatas a nadie eres ejecutado por supuesto encubridor y si delatas a alguien es ejecutado esa otra persona, muchas personas delatan a inocentes para salvar la vida, cada vez que un Jemer rojo hacía una pregunta había un muerto ya sea el delator o el delatado, mueren así 200.000 personas.

Vietnam invade el país, Pol Pot huye a la selva, apartir de aquí desaperece de la escena, mientras tanto en Camboya se suceden los Gobiernos, grupos democráticos toman el poder, pero intereses de China y URSS hacen que este vaya de mano en mano.

En 1985 Pol Pot renuncia a dirigir el partido pero seguirá supervisándolo, intenta llegar a acuerdos con el nuevo poder del país, Hun Sen, puesto en el poder por Vietnam pero no fructifican, en el 93 llega la democracia al país y los Jemeres se oponen a las elecciones porque opinan que están manipuladas, estamos a mediados de los 90 y los guerrilleros comunistas empiezan a irse, hay acusaciones entre Pol Pot y otros líderes por el tema del genocidio y entre ellos está el número 2 Song Sen, cada vez son menos los que le apoyan, Pol Pot manda ejecutar a Song Sen, convencido que está colaborando con el gobierno camboyano. También asesina a su esposa e hijos.

El 25 de julio Ta Mok, "Brother Number Five" y comandante militar de los Jemeres Rojos, ordena el arresto de Pol Pot, le hace un juicio popular y lo sentencia a vivir en prisión por la muerte de Song Sen y su familia. Entonces Pol Pot ya está enfermo. Durante dicho juicio, Pol Pot acepta condecer una entrevista al periodista Nate Thayer de la "Far Eastern Economic" en donde asegura que el genocidio se debió a la falta de experiencia en el gobierno y que él no es un hombre violento.

15 de abril de 1998: Saloth Sar muere de un ataque cardiaco, aunque no está probado. Su cuerpo es cremado en una hoguera de viejos coches cerca de una área de letrinas. El lugar fue posteriormente circundado de una barrera de láminas de hierro. En mayo el ejército oficial captura los últimos emplazamientos de los Jameres Rojos.

En total durante la instancia en el poder de Pol Pot el 10% de la población murió de hambre, ejecutada, por agotamiento, también muchos se suicidaron, quizás un episodio que iguala o supera al holocausto judio y totalmente olvidado por el mundo occidental, Pol Pot vivió en la selva como agricultor, lo cual representaba el sueño de su vida y murió bajo arrestro domiciliario.

Tras cerca de cuatro años en el poder, los maoístas lograron exterminar a más de tres millones de camboyanos en nombre de una emblemática revolución dogmática que tuvo como fin borrar del mapa todas las estructuras anteriores y crear un individuo autómata enraizado en el pensamiento de los revolucionarios Khieu Samphan y Pol Pot.

Desde mediados de los ochenta, miles de camboyanos se congregan el 20 de enero de cada año en el Museo del Genocidio Tuol Sleng para conmemorar el Día Nacional del Odio (portesta y aniversario).

Los presentes depositan coronas y queman incienso en honor a las víctimas del genocidio más grande durante una extraña campaña de purificación contra las influencias occidentales (la población fue trasladada a campos rurales y obligados a trabajos forzados a tiempo completo).

En febrero de 1996, la Comisión Norteamericana de Investigación sobre el Genocidio Camboyano confirmó que las cifras dadas por los vietnamitas de 3,3 millones de muertos en la masacre del gobierno de Pol Pot son bastante ciertas.

Sin embargo, se estima que la cifra sea mayor.


Los campos de exterminio



En Camboya tuvo lugar el experimento de ingeniería social más atrevido y radical de todos los tiempos. Fue el comunismo llevado a su consecuencia lógica, a su mayor extremo. El dinero desapareció y la colectivización integral se llevó a cabo en sólo dos meses. El gobierno del Angkar duró tres años y ocho meses y sembró de cadáveres el país: alrededor de dos millones de muertos para una población total de ocho millones.

Pin Yatay, superviviente, nos cuenta que "en la Kampuchea democrática no había cárceles, ni tribunales, ni universidades, ni institutos, ni moneda, ni deporte, ni distracciones… En una jornada de veinticuatro horas no se toleraba ningún tiempo muerto. La vida cotidiana se dividía del modo siguiente: doce horas de trabajo físico, dos horas para comer, tres para el descanso y la educación, siete horas de sueño. Estábamos en un inmenso campo de concentración. Ya no había justicia. Era el Angkar el que decidía todos los actos de nuestra vida"

Pol Pot y sus jemeres rojos iniciaron en 1970 una guerra civil apoyada por el gobierno de Hô Chi Minh. Ya entonces mostraron su extrema crueldad: no sólo los prisioneros fueron maltratados y ejecutados, sino que también fueron encarcelados sus familias, reales o inventadas, monjes budistas, gente sospechosa en general, etc.. En las prisiones, los malos tratos, el hambre y las enfermedades acabaron con casi todos ellos y, desde luego, con la totalidad de los niños detenidos.

Pero ese horror en guerra no era más que el preludio de lo que llegaría desde que el 17 de abril de 1975 ésta terminó con el triunfo de Pol Pot y los suyos. La primera medida fue el desalojo de los más de 3 millones de habitantes de las ciudades, realizada inmediatamente. Esto provocó la división entre "viejos" (los campesinos de siempre) y "nuevos" (los habitantes de las ciudades reconvertidos), de los que estos últimos se llevarían la peor parte de la represión que vino más tarde.

El gobierno provietnamita instalado tras la caída de Pol Pot creó un "Museo del genocidio", donde se exponen miles de huesos de víctimas que no serán identificadas jamás.


El horror cotidiano


La "Kampuchea democrática" dejó en sus supervivientes una pérdida completa de valores; la supervivencia exigía la adaptación a las nuevas reglas del juego, de las cuales la primera era el desprecio a la vida humana. "Perderte no es una pérdida. Conservarte no es de ninguna utilidad", según rezaban los manuales del Angkar.

Pol Pot anunciaba un futuro radiante en sus discursos. Prometía pasar de la tonelada de arroz por hectárea y año a tres en breve sucesión. El arroz se convirtió en el monocultivo. Los mandos obligaban a trabajar sin descanso a los esclavos a su mando, para mejorar su reputación entre sus superiores. En algunos extremos se llegaba a jornadas de 18 horas, en la que los hombres más robustos eran los que padecían mayores exigencias y, en consecuencia, morían antes.

No obstante, la planificación central y el desprecio por la técnica (sustituida por la educación política) destruyeron la hasta entonces siempre próspera cosecha arrocera camboyana. Para finales del 76 se calculaba que la superficie cultivada era la mitad que antes del 75. El hambre era inevitable y, con él, la deshumanización y el sometimiento al Angkar. Aunque quizá menos extendido que en la China del "Gran Salto Adelante", el canibalismo se convierte en costumbre.

La familia era considerada una forma de resistencia natural al poder absoluto del Partido, que debía llevar al individuo a una dependencia total del Estado. Por tanto, las familias eran separadas y la autoridad paterna castigada: la educación era responsabilidad exclusiva del Angkar. Los sentimientos humanos eran despreciados y considerados un pecado de individualismo. Al intentar ayudar a una vecina, Pin Yatay se ganó esta reprimenda: "No es su deber ayudarla, al contrario, esto demuestra que todavía tiene usted piedad y sentimientos de amistad. Hay que renunciar a esos sentimientos y extirpar de su mente las inclinaciones individualistas."

Los esclavos pertenecen al sistema, no a sí mismos. Su vida es totalmente regulada. Había de evitar cualquier fallo, incluso involuntario, un resbalón, la rotura de un vaso, no podían ser un error sino una traición contrarrevolucionaria que conducía a un castigo seguro. A veces la muerte, o la flagelación que en los más débiles era equivalente. Los niños espiaban a los mayores en busca de culpabilidades reales o inventadas. Pero no había muertos, esa palabra era tabú, ahora tan sólo existían cuerpos que desaparecen.

"Basta un millón de buenos revolucionarios para el país que nosotros construimos", se rezaba en las reuniones de los jemeres rojos. El destino de los demás era evidente. La muerte cotidiana era lo frecuente; curiosamente los casos considerados graves eran los que iban a prisión, donde se obligaba con tortura a la delación y, finalmente, se ejecutaba a los presos. Un detenido por el crimen de hablar inglés cuenta como fue encadenado con unos grilletes que cortaban la piel y torturado durante meses. El desmayo era su único alivio. Todas las noches los guardias se llevaban a varios prisioneros a los que nunca volvían a ver. Él pudo sobrevivir gracias a las fábulas de Esopo y cuentos jemeres tradicionales que contaba a los adolescentes y niños que eran sus guardianes.

Los niños no se libraban de la crueldad del sistema carcelario. Muchos eran encarcelados por robar comida. Los guardianes los golpeaban y daban patadas hasta que morían. Los convertían en juguetes vivos, colgándolos de los pies, luego trataban de acertarles con sus patadas mientras se balanceaban. En una marisma cercana a la prisión, los hundían y, cuando empezaban las convulsiones, dejaban que apareciera su cabeza para sumergirlos de nuevo.

En los campos, lo que atemorizaba era la imprevisibilidad y el misterio que rodeaban las innumerables desapariciones. Los asesinatos se llevaban a cabo con discreción. Era frecuente el uso de los cadáveres como abono. No obstante, la brutalidad reaparecía en el momento de la ejecución: para ahorrar balas sólo un 29% eran disparados. El 53% moría con el cráneo aplastado, el 6% ahorcado, el 5% apaleado.

En las prisiones se numeraba y fotografiaba a las víctimas del Partido Comunista antes de su ejecución. Si el torso estaba desnudo, el papel con el número se sujetaba con un imperdible a la piel.


Camboya, hoy


Algunos autores niegan la inclusión del exterminio por razones políticas dentro del ámbito del genocidio. No hacen más que seguir las órdenes de la extinta URSS, el único país que, por razones evidentes, se opuso a incluir a éstos dentro de la definición de genocidio de la ONU.

La educación política recibida del Partido Comunista de Kampuchea persiste aún en Camboya. Los valores humanos han sido sustituidos por un cinismo y egoísmo que comprometen cualquier tipo de desarrollo. Aún persisten jemeres rojos parapetados tras campos de minas, lo que ha convertido a este país en el que posee mayor número de mutilados, sobre todo en adolescentes y niños.

Pol Pot al frente de una columna de seguidores, en 1979, poco antes de ser derrocado.


Video de la última entrevista de Pol Pot





Traducción: Albeiro Rodas. Se coteja el idioma jemer hablado por Pol Pot y se privilegia sobre los subtítulos del inglés.

Pol Pot (PP): (texto anterior omitido) …tal como en India con Mahatma Gandhi.
Cuando estaba en Francia no entendí mucho, pero en Camboya lo desarrollé, porque en Camboya no tuve contacto con la burguesía porque mi rango era ordinario, pero tuve contactos con los monjes, la clase baja y la gente del común. Es por eso que entendí el problema. No copié a nadie. No soy una persona especial, pero fui educado en Europa. Viendo la desigualdad, me entristeció. Entonces volviendo a su pregunta acerca de cuál modelo seguí, es una conbinación de cosas, pero fui más influenciado por lo que vi en mi país.

Nate Thayer (NT): Debido a sus políticas, el gran experimento de su organización social y política, ejecuciones directas, miles de miles de personas sufrieron, muchas families inocentes sufrieron, el mismo país sufrió debido a sus políticas, muchos de sus compatriotas camboyanos quisieran saber si usted siente algún remordimiento de haber hecho tan serios errores cuando usted estaba en el poder.

PP: Primero que todo, mi experiencie fue la misma de mi movimiento. Eramos nuevos e inexpertos y los eventos sucedieron uno detrás de otro, con lo que teníamos que ver. Al hacerlo, cometimos errores, por lo tanto, como le digo, admito esto ahora y admito esto en las notas que he escrito. Quien quiera acusarme o atacarme, puede hacerlo. Me lamento de no haber tenido suficiente experiencia para controlar totalmente el movimiento. Por otra parte, con las constantes luchas, esto tenía que hacerse junto con los otros, en el mundo comunista, para prevenir que Kampuchea se volviera vietnamita. Por amor a la nación y al pueblo, era la cosa correcta a hacer, pero en el curso de nuestras acciones hicimos errores.

(…)

Primero que todo, es un hecho histórico de que en 1975 los vietnamitas liberaron el sur, el 30 de abril. Ellos nos dijeron hace muchos años que ellos iban a liberar a Kampuchea también. Ellos querían ocupar a Kampuchea. Finalmente invadieron a Kampuchea en 1978. Mis amigo y yo en mi movimiento no nos plegamos a ellos sino que los combatimos con el apoyo de la comunidad internacional hasta los acuerdos de París.

(…)

Akashi dijo que había tropas vietnamitas en Camboya. La selva estaba ahí, ellos sólo se quitaron sus uniformes. Y los otros civiles de Vietnam vinieron también. Camboya estaba bajo ocupación vietnamita desde 1979 hasta 1991, por cerca de diez años. La frontera vietnamita-camboyana no estaba controlada ni por mar ni por tierra. Los acuerdos de París no fueron cumplidos ni respetados. Sólo dos partes compitieron. Todavía organizaron las elecciones. Pensamos que si tomabamos parte en las elecciones, todos seríamos ejecutados.

(…)

Son Sen fue mi mejor camarada por muchos años. Pero desde la secesión en la frontera occidental, eso fue en enero de 1997, mis hombres encautaron documentos que pertenecían al cuñado de Son Sen, tres documentos de la provincia de Kompung Thom, y esa provincia está bajo la autoridad de Hun Sen. No le creí a esos documentos. Pero después, eventos, confirmaron que esos documentos eran auténticos. Así que si ellos quieren destruirme, tengo que defenderme.

NT: …pero asesinaron a los niños…

PP: No, eso no pasó. Sólo el marido y la mujer que habían sido malos por mucho tiempo. Otros fueron los responsables por las muertes, aunque indirectamente soy responsable por esas muertes. Me lamento de que esas cosas no se hicieron apropiadamente.

Arenguero: ¡Abajo con Pol Pot y los traidores!

Multitud en el juicio: ¡Abajo!

General Khme Nguon, ejército de los jemeres rojos: Ahora tomamos la decisión de que ya no necesitamos el regimen de Pol Pot. El regimen oscuro y bárbaro ha terminado. Debe desaparecer.

PP: Cuando todo está en calma voy a la cama a las 6 PM. Duermo debajo del mosquitero. Mi mujer y mi hija viven aparte de mí. Algunas veces no haga nada, viéndomelas con los zancudos y picaduras de insectos. Me aburro, pero ya estoy acostumbrado. Los jemeres tienen un refrán: “Ancianidad, enfermedad y muerte”. Y lo que me espera a mí ahora es muerte. La muerte puede venir en cualquier momento, no sé cuándo.


Imágenes


El régimen que trató de establecer una utopía rural comunista –para lo que abolió el dinero y envió a millones de personas a cultivar los campos- terminó en 1979, cuando fue derrocado por el ejército del vecino Vietnam. Este dibujo de Aki Ra, un ex niño soldado, da una idea de la guerra.

Cuando uno llega a Phnom Penh, la capital de Camboya, nada lo prepara para el encuentro con el pasado reciente de ese país, donde hace menos de 30 años murieron cerca de dos millones de personas.

Camboya es un reino budista y en la actualidad tiene unos 13,7 millones de habitantes, según datos de la ONU de 2006. Es también uno de los países más pobres del mundo, con un PIB per capita de US$380.

En 1975 el movimiento radical comunista Jemer Rojo, encabezado por su líder Pol Pot, tomó el poder. Este edificio, que entonces era una escuela de secundaria, se convirtió en la prisión de alta seguridad S-21.

Al llegar a la prisión, los detenidos eran fotografiados e interrogados sobre su pasado. Después se tenían que desnudar y los guardias les quitaban sus posesiones. El edificio se convirtió en museo en 1980.

Se calcula que, de 1975 a 1979, pasaron por S-21 más de 17.000 personas. Sólo se sabe de ocho sobrevivientes. Muchos de los detenidos eran niños que, como los adultos, también eran fotografiados al llegar a la antigua escuela.

Los prisioneros vivían, en condiciones infrahumanas, en pequeñas celdas, construidas en las antiguas aulas de la escuela Tuol Svay Prey. Los guardias los encadenaban a la pared o a largas barras de hierro.

Encadenados, dormían en el piso y comían lo poco que les daban. En algunas de las barracas había letrinas con muy poca sanidad. Muchos prisioneros se enfermaban pero, según los sobrevivientes, pocos recibían ayuda médica.

Dentro de la mayoría de los calabozos había muy poca luz. Las puertas y ventanas solían permanecer cerradas y estaban protegidas por alambre de púa para evitar intentos de fuga, que de cualquier manera eran prácticamente imposibles.

Otras salas estaban reservadas para torturar a los reclusos. Los guardias necesitaban obtener, por cualquier medio posible, la confesión de los presuntos delitos. En muchos casos, acusaban a los prisioneros de ser espías de la CIA o la KGB.

Como hicieron los nazis en algunos de sus campos de concentración, los Jemeres Rojos documentaban las torturas a que sometían a sus víctimas, que incluían el uso de descargas eléctricas, golpes, vejaciones con instrumentos ardientes y la privación del sueño.

Muchos de los reclusos morían en la cárcel S-21. Otros eran llevados a los cercanos "campos de la muerte" en el centro de exterminio Choeung Ek, a unos 15 kilómetros de Phnom Penh, donde solían matarlos a golpes porque el régimen consideraba que era necesario ahorrar balas.

Las secuelas de la guerra continúan. Muchos niños han perdido sus piernas, sus brazos, sus ojos, debido a los millones de minas antipersonales que quedan en amplias zonas de Camboya. Estos niños vivían con Aki Ra en un lugar que él estableció para educar al público sobre el peligro de las minas.

Los camboyanos han esperado durante tres décadas para que se lleve a los líderes del Jemer Rojo ante la justicia. Sin embargo, tienen esperanza de que el país siga adelante y mejore, en gran parte gracias al influjo del turismo a lugares como Angkor Wat


Fuentes:
Imágenes de Google, varios atículos web en Internet, www.liberalismo.org y Wikipedia



Van 2 importantes comentarios en este blog:


Anónimo dijo...

mi orientación si es de izquierda, sin embargo ello no me deja comprender que la mayoria de las veces las posiciones politicas no definen los actos humanos ni las crueldades, estos rasgos de la humanidad mas parecen aparecer por situaciones emocionales y situaciones extremas y sobre todo poco reflexivas de la existencia humana. Vivo en Colombia y estos relatos todo el tiempo me han hecho pensar y sentir profunda tristeza por los miles de inocentes que han muerto a manos de las crueles manos del paramilitarismode derecha en mi pais, los metodos no guardan diferencia, y mas triste aun, las orientaciones politicas tampoco... le agradezco haberme dejado conocer en detalle este crimen de la humanidad... en paises como el nuestro poco se sabe de ello....y por aca aprendemos...

Víctor dijo...

Anónimo: Agradecido estoy entonces de tu visita

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