Personas de todo nivel social, en calles y plazas han coincidido en identificar al Ing. Febres-Cordero como el ciudadano que nunca negó su valioso concurso y más que todo, su voluntad decidida de servir a Guayaquil desde cualquier ángulo. En 1992 aceptó el reto de la Alcaldía de Guayaquil que le impuso el pueblo por votación abrumadora, comenzando por desmantelar las telarañas del Palacio Municipal.
Carácter templado con sangre de prócer, enérgico pero bondadoso y justo, polémico y amigo leal, implacable con el deshonesto; político de grandes pasiones, ejecutivo exitoso y con mando vertical. Con todas estas singulares condiciones personales, León nos devolvió la luz cuando la ciudad estuvo anclada en las tinieblas. Acompañado por un equipo edilicio de grandes méritos, de lujo, emprendió la batalla. Comenzó con la remodelación interna de todas las dependencias administrativas, capacitación y selección de personal y mandos medios, planificación técnica de los programas de trabajo en todas las áreas y su ejecución sometida a severa fiscalización. Todo se hizo con miras a favorecer a los necesitados, al ser humano.
Al transcurrir el segundo periodo de la administración municipal, los ciudadanos expresaban su satisfacción y agradecimiento al transitar por las calles pavimentadas, concurrir a los mercados, al camal donde se faena con metodología europea, contemplar distribuidores de tráfico impresionantes en nuestro medio; dar un paseo por el naciente Malecón 2000 y muchas otras obras que invitan a los guayaquileños a sentirse orgullosos. Se podría decir que cumplió con su propio eslogan: «Con León sí se puede».
Cabe destacar que muchos escritores de distintas tendencias ideológicas describieron, por diversos medios, como monumental la obra de León Febres-Cordero. Por ejemplo, en diarios se pudieron apreciar titulares como ‘Gracias, León’, ‘Alcalde eterno’, ‘La verdadera herencia de León’, etcétera. Una columnista afirmaba: “Los guayaquileños hemos transitado de la lástima al orgullo y antes escondíamos la ciudad por vergüenza”.
En suma, León dejó sembrados los cimientos para las administraciones venideras. En estos momentos en que el pueblo se debate en odiosos enfrentamientos, no cabe pensar que hemos caído en la indiferencia.
Es necesario que personajes e instituciones representativas de Guayaquil, como el Municipio o la Junta Cívica, asimilen esta inquietud ciudadana que siente íntimamente un compromiso de gratitud para el preclaro guayaquileño con sobrado merecimiento del título de «madera de guerrero».
Que se rinda un homenaje público y la erección de un monumento que bien cabría exhibirlo en un sitio del Malecón 2000. Pero que se haga ahora y no esperar cuando el homenajeado ya no exista.
Dagoberto de la Pared,
jubilado, Guayaquil, Julio 31, 2007
Tomado de:
"EL UNIVERSO" Por un profundo respeto, agradecimiento, admiración y por sobre todo cariño a la imagen de León Febrés Cordero este post no admite comentarios, gracias por su comprensión.