La historia de Guayaquil ha estado siempre marcada por constantes y continuos "boicots" por parte de las facciones conservadoras - Quiteñas - centralistas, que ven con temor el desarrollo económico y cultural de esta ciudad, ¿creíamos que solo podían llegar al punto de dividirnos, mutilarnos, castrarnos?, están muy equivocados, hace muchos años fueron ellos muy probablemente los causantes del crimen genocida mas atroz en la historia de esta ciudad, causante no solo de innumerables pérdidas materiales sino, de invaluables e irrecuperables pérdidas humanas.
Parece mentira como se hereda la esencia Guayaquileña y como se transmite de boca en boca nuestra cultura, costumbres, creencias e ideas, de niño escuché en mi familia la historia de los asesinatos ocurridos por los amargados Quiteños centralistas en Guayaquil siendo ellos los viles provocadores de "El gran incendio" con la intención de impedir nuestra autonomía y libertad económica por parte de Eloy Alfaro Delgado, quien pretendió con justicia otorgárnosla, aunque la razón que me dieron mis abuelos a estos asesinatos cuando niño fue: "por simple envidia de los serranos".
No había encontrado textos que justifiquen esa historia transmitida de boca en boca, como un rumor en su época (hasta el día de hoy que los encontré en la web), y ahora que están tan de moda los rumores y se acepta públicamente que: "los rumores solo son fecundos cuando tienen una base de realidad", simplemente podríamos decir que: "cuando el rio suena es por que piedras trae".

Tres años trágicos, de graves incendios consecutivos golpearon a Guayaquil, entre 1893 y octubre de 1896. Años de ingentes pérdidas para la ciudad. Los siniestros fueron tan frecuentes que por entonces se habló de la presencia de un incendiario como el causante. El 12 de febrero de 1896, preludio de la gran tragedia de octubre, el fuego redujo a cenizas todas las manzanas comprendidas entre las calles 10 de Agosto, por el norte; Colón, por el sur; Pichincha, por el este; y Chimborazo, por el oeste. Además, aquellas que se encontraban en la acera sur de la calle Colón hasta Luzárraga entre las calles Pichincha y Chile. Con este flagelo, se acentuó la sospecha de la existencia de un pirómano, se hicieron indagaciones, algunos arrestos, pero nunca se comprobó fehacientemente la responsabilidad de manos criminales.
En la madrugada del 6 de octubre de 1896, se inició el más terrible flagelo que ha sufrido la ciudad, conocido como el “incendio grande”. Se inició en la esquina de Aguirre y Malecón, frente a la gobernación, corrió hacia el norte consumiendo las casas que se encontraban entre Malecón y la calle Rocafuerte y luego de quemar todas las de Las Peñas, terminó en la antigua cervecería. En su camino por Aguirre desde el malecón hacia el oeste, volteó por Chile hasta Ballén, continuó hasta Boyacá, se encaminó al norte hasta Luque, por donde dejó todo en cenizas hasta la calle Chanduy, volteó por Zaruma al oeste hasta Morro, y por esta se desplazó al norte. Finalmente lo único que detuvo el fuego fueron las sabanas despobladas en donde se refugió la gente que lo había perdido todo.
El periódico “El Grito del Pueblo” del 8 de octubre de 1896 publicó en su primera plana:
Entre los incendios de febrero y octubre desaparecieron 1.305 casas, y quedaron arruinados 25.000 guayaquileños.

La ciudad tuvo una pérdida total de dieciocho millones de sucres, equivalentes al total de las exportaciones cacaoteras de todo el año del país. La población quedó reducida a 35.000 habitantes, y, los vecinos de los barrios del sur, y de otros sectores que se salvaron, quedaron afectados de tal forma, que bastaba una pequeña columna de humo, para que se produjese una gran alarma. El espíritu de ayuda solidaria tradicional de guayaquileños y extranjeros no se hizo esperar, Se manifestó hasta en los mínimos detalles, los cuales “El Grito del Pueblo”, recoge en sus comentarios:
En la confusión generada por el pánico, mucha gente huyó despavorida del incendio y se extravió. Otros vagaron por la ciudad durante horas buscando sus parientes. Frecuentemente se daban encuentros entre quienes se creían muertos. Muchos niños caminaban entre el amasijo de escombros, pues al perder sus domicilios, y cualquier referencia visible del área en que habían vivido, fácilmente se desorientaban. La mayor parte de ellos permanecieron durante varios días en casas de gentes caritativas que los acogieron. No obstante las presiones a las que estaban sometidos, rigores de la pobreza en que muchos quedaron, temores e inseguridad sobre la vida que les esperaba, la comunidad se daba lugar para participar con entusiasmo de la vida y reconstrucción de su pujante urbe.

Julio Estrada en su obra “Guía Histórica de Guayaquil”, dice:
Los guayaquileños, pese a tan grandes aflicciones, paulatinamente recuperaron su esparcimiento espiritual frente al río. En pos de la brisa fresca, al atardecer, acudían las familias al malecón. Grupos de gente mayor y jóvenes bajo la vigilancia de las madres, paseaban y de arriba abajo por la calle. Llenaban el aire con el eco de su charla, en la que contaban y recontaban los momentos sufridos. Relatos sobre las peripecias del incendio y lamentos por los trastos perdidos y de cómo extrañaban las comodidades de sus casas quemadas. Los hombres mayores, en grupo aparte, hablaban de política, de negocios, calculaban las pérdidas de los destrozos ocurridos, la paralización de las transacciones. Años duros les esperaban, falta de brazos para la agricultura les preocupaba. La comunicación con el interior interrumpida varias veces, la confianza perdida, el porvenir oscuro. En fin, las cosas “andan mal, muy mal”, opinaban mientras se mesaban las barbas o se atusaban los bigotes. El viento, en sus ráfagas, traía a ratos el sonido destemplado de una tocata de organillo, el lamento sentimental de una guitarra, murmullos de conversaciones lejanas, o la gritería de unos cuantos chicos que, en batalla campal, se entretenían en arrojarse cáscaras de mangos, que se encontraban en plena cosecha. Por intervalos se oía el piteo del celador que anunciaba su ronda callejera. Así transcurrían las horas en actitud centenaria, ante el frescor de la noche y el quedo rumor del río. Muchos de los jóvenes y sus padres se recogían a la tranquilidad de su hospedaje temporal, pues no tenían techo, para buscar en los sueños el complemento de las ilusiones.
Luego de la hecatombe, la reacción positiva y el ánimo reconstructor no se hicieron esperar. Así como la presencia del fuego había alimentado su solidaridad, los escombros y el drama humano fueron acicate para el resurgimiento de la ciudad. Tres años apenas habían transcurrido y solo existían huellas en sus almas. Se ampliaron las calles, se eliminaron callejones, y las dos ciudades que se habían formado en 1693, Ciudad Nueva y Ciudad Vieja, quedaron definitivamente enlazadas por un diseño armónico.
Esto es en suma el espíritu de Guayaquil, nacido en la lucha, la conquista, el esfuerzo. Sociedad crecida por la voluntad autonómica de sus hijos, no sobre lágrimas, estrecheces ni necesidades ajenas.
Aún hoy, hay viejos que afirman que aquellos incendios fueron provocados por centralistas Quiteños temerosos de una eventual independencia o autonomía Guayaquileña en plena revolución "liberal" Alfarista, celosos del poder que tenía Guayaquil (logrado gracias a su esfuerzo y trabajo constante), muchos afirman que las intenciones de estos incendios provocados fue despojar a Guayaquil de sus bancos, empresas y comercios para alejarlo así de su ETERNA condición de "capital económica del Ecuador" (muchísimas haciendas y sembríos de cacao sufrieron también "misteriosos" incendios), además amedrentarnos y principalmente: "Quitarle la principal fuente de ingresos a Eloy Alfaro cuya revolución era liberal y contraria a las facciones conservadoras ultra centralistas Quiteñas, revolución que estaba enteramente solventada y auspiciada por las familias cacaoteras mas ricas y poderosas de Guayaquil, poseedoras de un firme ideal comercial de libre mercado" (una pequeña idea de lo que fueron las verdaderas intenciones de la revolución Alfarista, intenciones descubiertas y aparentemente reprimidas brutalmente).
Según una de las hipótesis de la época (la mas suave), los anteriores incendios, desde 1893, tenían como objetivos principales los comercios y centros bancarios (una especie de contrarrevolución conservadora), pero el provocado en 1896 fue un simple e inocente atentado (puesto que Alfaro ya era presidente), para alejarlo de Guayaquil donde era demasiado fuerte y someterlo al control centralista en Quito, "solo pretendían quemar la casa cercana a la Gobernación y otras casas más para asustarlos y todo era por el bien del Ecuador", pero no contaban los centralistas con su enorme, fabulosa y reconocida estupidez, ni con la dirección del viento (en Quito casi no hay vientos por la altura y el frío), ¿el resultado?, "EL GRAN INCENDIO", el incendio más grande en la historia de esta ciudad y del país, el que más pérdidas materiales y humanas causó y por el cual los centralistas no solo mantuvieron su condición de envidiosos y estúpidos, sino que además se ganaron la categoría de "ASESINOS Y GENOCIDAS".
Es una enorme burla y la humillación más grande al ideal liberal, que un Gobierno centralista como el actual pretenda "restituir" la memoria de Alfaro dividiendo sus restos y dejando esquizofrénico su recuerdo (la mitad de sus restos en Guayaquil y la otra mitad en Manta), en contra de su expreso deseo previo a su muerte: "descansar para siempre en Guayaquil". El siempre luchó por la descentralización y contra el conservadurismo represivo serrano Quiteño. Este simbolismo es sin duda una obra más de Correa, los cubanos y los venezolanos socialistas, la división a la memoria de Alfaro es un símbolo que nos aleja de lo único que podría salvarnos del centralismo: retomar el ideal liberal, un ideal libertario lleno de principios, valores y ética, nacido y formado orgullosamente Guayaquileño.
¿Recuerdan las represiones, desparecidos y asesinatos sufridos por la dictadura militar fascista serrana de Bombita y compañia en los 70's?, ¿recuerdan los continuos ataques a Guayaquil y humillaciones sufridas en el Gobierno de Rodrigo Borja Cevallos?, ¿Recuerdan la quiebra del Banco del Progreso, el banco mas importante del Ecuador y casi la totalidad de bancos Guayaquileños, trasladando con esto el poder bancario a Quito?, ¿los continuos impedimentos y prohibiciones a nuestras reiteradas peticiones y hasta ruegos de autonomía?, ¿la división de la provincia del Guayas?, ¿la incautación infame a las empresas Guayaquileñas acusadas de mafiosas y de adeudar lo que no debían (grupo Isaias, por deudas respecto a la "fallida y mal realizada" integración con La Previsora hecha por el estadoQuiteño Ecuatoriano)?.
Esta es la realidad... para los que no la perciben, para los que aun creen que las mafias son costeñas, la verdad está prohibida y vedada a nuestros ojos, nos presentan otra, totalmente opuesta, y provocan que entre nosotros los Guayaquileños nos ataquemos, aprovechándose de nuestro sentido de justicia y lealtad para con los más necesitados, "LOS MAS NECESITADOS ESTAN AQUI, NO ALLA".
PD: ¡Que útiles que me son mis abuelos y sus historias en estas épocas, los reee-adooroooooo!

Parece mentira como se hereda la esencia Guayaquileña y como se transmite de boca en boca nuestra cultura, costumbres, creencias e ideas, de niño escuché en mi familia la historia de los asesinatos ocurridos por los amargados Quiteños centralistas en Guayaquil siendo ellos los viles provocadores de "El gran incendio" con la intención de impedir nuestra autonomía y libertad económica por parte de Eloy Alfaro Delgado, quien pretendió con justicia otorgárnosla, aunque la razón que me dieron mis abuelos a estos asesinatos cuando niño fue: "por simple envidia de los serranos".
No había encontrado textos que justifiquen esa historia transmitida de boca en boca, como un rumor en su época (hasta el día de hoy que los encontré en la web), y ahora que están tan de moda los rumores y se acepta públicamente que: "los rumores solo son fecundos cuando tienen una base de realidad", simplemente podríamos decir que: "cuando el rio suena es por que piedras trae".
El 5 de octubre de 1896 a las 23 se inició El Gran Incendio. Los preparativos para las fiestas habían iniciado debido, principalmente, a que en ese año se realizaría en el edificio de la Gobernación una convención de la que saldría definido el nuevo estado geopolítico de la nación, propuesto por el presidente Eloy Alfaro, y mediante el cual el país sería convertido en estado confederado. La facción política conservadora veía con preocupación este intento descentralizador.
Con los años venideros se comentaría mucho el tema y no serán pocas las elucubraciones que se hagan relacionando el incendio con la preocupación conservadora.
Se habló de un sabotaje al edificio de la gobernación iniciado en la manzana de enfrente, donde funcionaba el almacén de lencería denominado La Joya, sin tomar en cuenta la dirección en la que el viento corría, posteriormente se enunciaron una o dos hipótesis más. Lo cierto es que jamás pudo descubrirse la causa real de este gigantesco flagelo.
En ese entonces la primera constituyente del liberalismo se instaló en Guayaquil en octubre de 1896, pero el gran incendio que consumió la ciudad obligó al entonces jefe supremo, general Eloy Alfaro, a trasladarla a Quito. En resumidas cuentas, el incendio que había comenzado casi a medianoche del día cinco, luego de una hora, había alcanzando proporciones colosales, principalmente gracias al fuerte viento del sudeste que esa noche corría. La compañía de bomberos Salamandra fue la primera en llegar, pero sólo para observar lo inmanejable del flagelo, pues ya cubría varias manzanas. A las dos de la mañana ya eran varias bombas empeñadas en la lucha contra el fuego, entre ellas: La Salamandra n.º 2, La Independencia n.º 15, La Sucre n.º 17, La Unión n.º 3. Esfuerzo inútil, pues el fuego lo devoraba todo insaciablemente. El incendio cogió varias direcciones: de este a oeste por la calle Aguirre; de norte a sur por el Malecón; y en dirección sudeste por la calle 9 de octubre.
Por la mañana del día 6 las tres lenguas de fuego se encontraron en la plaza San Francisco y produjeron un infernal torbellino que calcinaba hasta las piedras y levantaba por los aires cuanta mercadería, muebles y objetos de valor habrían sido llevados a ese sitio para evitar su pérdida. A las 5:45 las llamas devoraban las cúpulas de la Iglesia de San Francisco, desintegrando su reloj.
Todo quedó en cenizas mientras el monumento de Rocafuerte veía pensativo consumirse la ciudad que lo vio nacer.

Las areas en negro fueron las destruidas por el brutal incendio
El gran incendio: 5 y 6 de octubre de 1896
Tres años trágicos, de graves incendios consecutivos golpearon a Guayaquil, entre 1893 y octubre de 1896. Años de ingentes pérdidas para la ciudad. Los siniestros fueron tan frecuentes que por entonces se habló de la presencia de un incendiario como el causante. El 12 de febrero de 1896, preludio de la gran tragedia de octubre, el fuego redujo a cenizas todas las manzanas comprendidas entre las calles 10 de Agosto, por el norte; Colón, por el sur; Pichincha, por el este; y Chimborazo, por el oeste. Además, aquellas que se encontraban en la acera sur de la calle Colón hasta Luzárraga entre las calles Pichincha y Chile. Con este flagelo, se acentuó la sospecha de la existencia de un pirómano, se hicieron indagaciones, algunos arrestos, pero nunca se comprobó fehacientemente la responsabilidad de manos criminales.
En la madrugada del 6 de octubre de 1896, se inició el más terrible flagelo que ha sufrido la ciudad, conocido como el “incendio grande”. Se inició en la esquina de Aguirre y Malecón, frente a la gobernación, corrió hacia el norte consumiendo las casas que se encontraban entre Malecón y la calle Rocafuerte y luego de quemar todas las de Las Peñas, terminó en la antigua cervecería. En su camino por Aguirre desde el malecón hacia el oeste, volteó por Chile hasta Ballén, continuó hasta Boyacá, se encaminó al norte hasta Luque, por donde dejó todo en cenizas hasta la calle Chanduy, volteó por Zaruma al oeste hasta Morro, y por esta se desplazó al norte. Finalmente lo único que detuvo el fuego fueron las sabanas despobladas en donde se refugió la gente que lo había perdido todo.
El periódico “El Grito del Pueblo” del 8 de octubre de 1896 publicó en su primera plana:
“CATÁSTROFE: Acaba de realizarse en esta ciudad una de esas catástrofes, página horrorosa en la historia de los pueblos. En cuarenta y ocho horas el fuego ha destruido la zona más importante de la población, donde estaba centralizado el movimiento, la vida comercial y el núcleo de nuestra sociedad, mientras las llamas con ira rabiosa destruían los edificios los habitantes huían despavoridos a salvarse en la pampa. Desde el centro de la ciudad al norte no se percibe más que vasto campo cubierto de humeantes escombros, La zona incendiada equivale a la mitad de la ciudad en cuanto a extensión; pero en esa mitad existía todo el alto comercio, los edificios de más importancia, el centro de la ciudad donde estaba concentrada la vida de la población”.
Entre los incendios de febrero y octubre desaparecieron 1.305 casas, y quedaron arruinados 25.000 guayaquileños.

La ciudad tuvo una pérdida total de dieciocho millones de sucres, equivalentes al total de las exportaciones cacaoteras de todo el año del país. La población quedó reducida a 35.000 habitantes, y, los vecinos de los barrios del sur, y de otros sectores que se salvaron, quedaron afectados de tal forma, que bastaba una pequeña columna de humo, para que se produjese una gran alarma. El espíritu de ayuda solidaria tradicional de guayaquileños y extranjeros no se hizo esperar, Se manifestó hasta en los mínimos detalles, los cuales “El Grito del Pueblo”, recoge en sus comentarios:
Para socorrer a quienes habiendo perdido todo deseaban salir de la ciudad, “a petición del capitán del puerto señor Fernández Madrid, la Compañía Sudamericana de Vapores rebajó los pasajes en un 20%. Igual concesión hizo la Compañía Inglesa de Vapores”.
Para atender en necesidades primarias: “El señor Juan F. Fioraravanti, antiguo propietario extranjero en esta plaza se ocupa desde antier en repartir personalmente en una canasta, considerable cantidad de pan a las personas que aun permanecen sin abrigo ni alimentos en el sitio llamado El Potrero”.
En la confusión generada por el pánico, mucha gente huyó despavorida del incendio y se extravió. Otros vagaron por la ciudad durante horas buscando sus parientes. Frecuentemente se daban encuentros entre quienes se creían muertos. Muchos niños caminaban entre el amasijo de escombros, pues al perder sus domicilios, y cualquier referencia visible del área en que habían vivido, fácilmente se desorientaban. La mayor parte de ellos permanecieron durante varios días en casas de gentes caritativas que los acogieron. No obstante las presiones a las que estaban sometidos, rigores de la pobreza en que muchos quedaron, temores e inseguridad sobre la vida que les esperaba, la comunidad se daba lugar para participar con entusiasmo de la vida y reconstrucción de su pujante urbe.

Julio Estrada en su obra “Guía Histórica de Guayaquil”, dice:
“La valentía de un pueblo decidido, trabajador y empeñado en no dejarse vencer por la adversidad, dio como resultado que para 1899, en la zona que el “incendio grande” de 1896 había destruido, ya se habían levantado o estaban en proceso de construcción, 4 bancos, 4 templos, 2 beneficencias, 4 depósitos de bombas contra incendio, 384 casas, 434 covachas y 100 ranchos. El también asolado barrio de Las Peñas, que desde años atrás había sido lugar donde las familias acudían a convalecer y a recrearse, había recuperado su vida normal, con la construcción de nuevas casas que dos años después del flagelo ocuparon las principales familias, convirtiéndolo en un elegante barrio residencial. Al final de la calle, se reinstaló la fábrica de cervezas que había fundado Luis Maulme & Cía”.
Los guayaquileños, pese a tan grandes aflicciones, paulatinamente recuperaron su esparcimiento espiritual frente al río. En pos de la brisa fresca, al atardecer, acudían las familias al malecón. Grupos de gente mayor y jóvenes bajo la vigilancia de las madres, paseaban y de arriba abajo por la calle. Llenaban el aire con el eco de su charla, en la que contaban y recontaban los momentos sufridos. Relatos sobre las peripecias del incendio y lamentos por los trastos perdidos y de cómo extrañaban las comodidades de sus casas quemadas. Los hombres mayores, en grupo aparte, hablaban de política, de negocios, calculaban las pérdidas de los destrozos ocurridos, la paralización de las transacciones. Años duros les esperaban, falta de brazos para la agricultura les preocupaba. La comunicación con el interior interrumpida varias veces, la confianza perdida, el porvenir oscuro. En fin, las cosas “andan mal, muy mal”, opinaban mientras se mesaban las barbas o se atusaban los bigotes. El viento, en sus ráfagas, traía a ratos el sonido destemplado de una tocata de organillo, el lamento sentimental de una guitarra, murmullos de conversaciones lejanas, o la gritería de unos cuantos chicos que, en batalla campal, se entretenían en arrojarse cáscaras de mangos, que se encontraban en plena cosecha. Por intervalos se oía el piteo del celador que anunciaba su ronda callejera. Así transcurrían las horas en actitud centenaria, ante el frescor de la noche y el quedo rumor del río. Muchos de los jóvenes y sus padres se recogían a la tranquilidad de su hospedaje temporal, pues no tenían techo, para buscar en los sueños el complemento de las ilusiones.
Luego de la hecatombe, la reacción positiva y el ánimo reconstructor no se hicieron esperar. Así como la presencia del fuego había alimentado su solidaridad, los escombros y el drama humano fueron acicate para el resurgimiento de la ciudad. Tres años apenas habían transcurrido y solo existían huellas en sus almas. Se ampliaron las calles, se eliminaron callejones, y las dos ciudades que se habían formado en 1693, Ciudad Nueva y Ciudad Vieja, quedaron definitivamente enlazadas por un diseño armónico.
Esto es en suma el espíritu de Guayaquil, nacido en la lucha, la conquista, el esfuerzo. Sociedad crecida por la voluntad autonómica de sus hijos, no sobre lágrimas, estrecheces ni necesidades ajenas.
Conclusiones:
Aún hoy, hay viejos que afirman que aquellos incendios fueron provocados por centralistas Quiteños temerosos de una eventual independencia o autonomía Guayaquileña en plena revolución "liberal" Alfarista, celosos del poder que tenía Guayaquil (logrado gracias a su esfuerzo y trabajo constante), muchos afirman que las intenciones de estos incendios provocados fue despojar a Guayaquil de sus bancos, empresas y comercios para alejarlo así de su ETERNA condición de "capital económica del Ecuador" (muchísimas haciendas y sembríos de cacao sufrieron también "misteriosos" incendios), además amedrentarnos y principalmente: "Quitarle la principal fuente de ingresos a Eloy Alfaro cuya revolución era liberal y contraria a las facciones conservadoras ultra centralistas Quiteñas, revolución que estaba enteramente solventada y auspiciada por las familias cacaoteras mas ricas y poderosas de Guayaquil, poseedoras de un firme ideal comercial de libre mercado" (una pequeña idea de lo que fueron las verdaderas intenciones de la revolución Alfarista, intenciones descubiertas y aparentemente reprimidas brutalmente).
Según una de las hipótesis de la época (la mas suave), los anteriores incendios, desde 1893, tenían como objetivos principales los comercios y centros bancarios (una especie de contrarrevolución conservadora), pero el provocado en 1896 fue un simple e inocente atentado (puesto que Alfaro ya era presidente), para alejarlo de Guayaquil donde era demasiado fuerte y someterlo al control centralista en Quito, "solo pretendían quemar la casa cercana a la Gobernación y otras casas más para asustarlos y todo era por el bien del Ecuador", pero no contaban los centralistas con su enorme, fabulosa y reconocida estupidez, ni con la dirección del viento (en Quito casi no hay vientos por la altura y el frío), ¿el resultado?, "EL GRAN INCENDIO", el incendio más grande en la historia de esta ciudad y del país, el que más pérdidas materiales y humanas causó y por el cual los centralistas no solo mantuvieron su condición de envidiosos y estúpidos, sino que además se ganaron la categoría de "ASESINOS Y GENOCIDAS".
Es una enorme burla y la humillación más grande al ideal liberal, que un Gobierno centralista como el actual pretenda "restituir" la memoria de Alfaro dividiendo sus restos y dejando esquizofrénico su recuerdo (la mitad de sus restos en Guayaquil y la otra mitad en Manta), en contra de su expreso deseo previo a su muerte: "descansar para siempre en Guayaquil". El siempre luchó por la descentralización y contra el conservadurismo represivo serrano Quiteño. Este simbolismo es sin duda una obra más de Correa, los cubanos y los venezolanos socialistas, la división a la memoria de Alfaro es un símbolo que nos aleja de lo único que podría salvarnos del centralismo: retomar el ideal liberal, un ideal libertario lleno de principios, valores y ética, nacido y formado orgullosamente Guayaquileño.
¿Recuerdan las represiones, desparecidos y asesinatos sufridos por la dictadura militar fascista serrana de Bombita y compañia en los 70's?, ¿recuerdan los continuos ataques a Guayaquil y humillaciones sufridas en el Gobierno de Rodrigo Borja Cevallos?, ¿Recuerdan la quiebra del Banco del Progreso, el banco mas importante del Ecuador y casi la totalidad de bancos Guayaquileños, trasladando con esto el poder bancario a Quito?, ¿los continuos impedimentos y prohibiciones a nuestras reiteradas peticiones y hasta ruegos de autonomía?, ¿la división de la provincia del Guayas?, ¿la incautación infame a las empresas Guayaquileñas acusadas de mafiosas y de adeudar lo que no debían (grupo Isaias, por deudas respecto a la "fallida y mal realizada" integración con La Previsora hecha por el estado
Esta es la realidad... para los que no la perciben, para los que aun creen que las mafias son costeñas, la verdad está prohibida y vedada a nuestros ojos, nos presentan otra, totalmente opuesta, y provocan que entre nosotros los Guayaquileños nos ataquemos, aprovechándose de nuestro sentido de justicia y lealtad para con los más necesitados, "LOS MAS NECESITADOS ESTAN AQUI, NO ALLA".
¿Quienes son las víctimas?, ¿Quienes los agresores?, ¿Quienes los agredidos?
¡Son rumores, son rumores!
Queda a la libre interpretación de cada cual...
¡Son rumores, son rumores!
Queda a la libre interpretación de cada cual...
PD: ¡Que útiles que me son mis abuelos y sus historias en estas épocas, los reee-adooroooooo!
Fuentes:
Historia de Guayaquil (Alcaldía de Guayaquil)
Archivo histórico del Guayas
El incendio grande: 5 y 6 de octubre de 1896 (El Ecuador de hoy)
Historia de Guayaquil (Dukers)
Wikipedia(Guayaquil)
Historia de Guayaquil (Alcaldía de Guayaquil)
Archivo histórico del Guayas
El incendio grande: 5 y 6 de octubre de 1896 (El Ecuador de hoy)
Historia de Guayaquil (Dukers)
Wikipedia(Guayaquil)





saludos muy interesante una sugerencia procura la opcion para subir a facebook tus comentarios
jackier larry
no me tome la molestia de leer el artículo, es mas no se porque te escribo, eres uno de los seres por los que la tierra debería ser destruida. Longo Longazo.
Att. otra longa como vos
Si quieres emprender una lucha política, este espacio es remalo.
Para saber quienes fueron los verdaderos incendiarios de 1896, debes aplicar las herramientas de la investigación científica:
El fuego cambió varias veces de dirección,...los bomberos impideron que el incendio pasara a la gobernación por lo que el barrio de Villamil-colonial, lo conoció mi abuelo y mi papá sus últimas casas- ....luego del flagelo se inició la reparación, etc.....
Recuerda que una de las preocupaciones fundamentales de los municipios de finales del XIX era ese arrabal que se extendia desde la Rocafuerte hasta los claros que formaron las Quintas de antaño, por Boyacá más o menos- MIRA EL MAPA DEL INCENDIO DEL GRITO DEL PUEBLO-, por ser guarida de delincuentes o foco de infecciones maláricas, con la intención de ordenar el trazado de la ciudad. Incluso Julio Estrada, en su Guía Histórica ( magnífico trabajo) insinúa que el flagelo pudo ser provocado por un tal Manasevicz, endeudado hasta el copete, por su negocio "la Joya" luego del incendio no se vuelve a saber nada de el. Esto no puede ser determinante, pero abre un camino de conjeturas que puede llevarnos a la verdad, es más pregúntate: quienes fueron los constructores que se beneficiaron del contrato de reconstrucción?... Revisa los testamentos de ellos y de cómo aumentaron sus caudales en pocos años...
No soy quiteño, mi bisabuelo combatió junto a Alfaro en Gatazo y con las últimas salva el pellejo en Naranjito, amo a mi ciudad, pero también amo la verdad, y tu por tu filiación política derechista, no puedes desubicarte en algo tan complejo como el incendio de 1896.Sabes que ahora sabemos que fué Nerón quien incendió roma en el 64 , porque el tipo se apresuró a comprar todo el terreno que se quemó para construír su DOMUS AUREA, su casa de oro. Investiga.
Mira, cualquier historiador dirá que fueron los centralistas conservadores de esa época los que provocaron el incendio, es mas, era muy común que los conservadores incendien los negocios Guayaquileños que pagaban la guerra (recordemos que la revolución liberal fue pagada con dineros de Guayaquil), así que no me vengas con vainas ni con conjeturas absurdas, en una época en donde te mataban por ser masón o liberal sin ningún remordimiento no habían reparos en matar a uno o a mil.
Que alguien se haya beneficiado de lo que sucedió no es de extrañar, tengo un amigo que se aprovechó del robo que sufrió su auto, le robaron solo la radio pero el reportó: radio, llantas, vidrios, gata, herramientas, en fin... mi amigo resultó ser mas ladrón que el mismo ladrón y todo para cobrar una fuerte cantidad del seguro, no significa que el haya provocado el robo.
¿Ahora me vas a venir con que fue un autoatentado?, ¿con que intención?, ¿vivir para siempre de las migajas que nos tira el centralismo?, mira longo de mierda... llévate tus longas elucubraciones cojudas a donde la puta de tu madre longa y reclámamale a ella por el autoatentado que le hizo a la humanidad por haberte traido al mundo ¿quieres?.
¡ASESINOS, MISERABLES, GENOCIDAS, ESO ES LO QUE SON Y SIEMPRE LO SERÁN!
Para mí eres un enfermo regionalista más
Arribista separatista más calro TARADO, por gente como tu el país no progresa ANIMAL. Lee la historia estupido
FUE POR QUE LOS MONOS TENIAN LAS CASAS DE MADERA Y MATERIALES INCENDIARIOS
Y TU ABUELA COCINABA CON LEÑA
Y SE OLVIDO LA COCINA PRENDIDA