El 10 de Agosto de 1809 es una fecha llena de verguenza y definitivamente para olvidar, donde un grupo de ingenuos Quiteños se alzaron en armas y se sublevaron contra José Bonaparte, hermano de Napoleón Bonaparte (apodado burlescamente “Pepe botellas” por su supuesta afición a las bebidas alcohólicas) en un simple, sencillo y fallido “golpe de Estado”.

Esta revuelta se dio en apoyo al depuesto rey de España, Fernando VII, hijo de Carlos IV (Dinastía Borbón), por un grupo de ciudadanos muy respetuosos y fieles a la corona Española, tanto fue su respeto y su admiración por esta que prefieron dar “tontamente” su vida aquel fatídico 2 de agosto de 1810, fecha en la que fueron todos asesinados a traición, por emisarios y subalternos del mismo Rey al cual juraron lealtad y obediencia, defendieron y protegieron.

Fernando VII de Borbón (San Lorenzo de El Escorial, 14 de octubre de 1784 – Madrid, 29 de septiembre de 1833), llamado el Deseado o el Rey Felón, fue rey de España en 1808 y, tras la expulsión del rey intruso José Bonaparte, reinó nuevamente desde 1813 hasta su muerte, exceptuando un breve intervalo en 1823, en que fue destituido por el Consejo de Regencia.

Hijo y sucesor de Carlos IV y de María Luisa de Parma, pocos monarcas disfrutaron de tanta confianza y popularidad iniciales por parte del pueblo español. Sin embargo, pronto se reveló como un soberano absolutista, y uno de los que menos satisfizo los deseos de sus súbditos, que lo consideraban sin escrúpulos, vengativo y traicionero. Rodeado de una camarilla de aduladores, su política se orientó en buena medida a su propia supervivencia.

Fernando VII ha merecido a los historiadores un unánime juicio negativo, pasando a los anales de la historia de España como el Rey Felón. Si bien no se le puedan achacar personalmente muchos de los males de su reinado, ha sido el monarca español peor tratado por la historiografía española, que desde el siglo XIX ha repetido sin sentido crítico una serie de descalificaciones sobre el personaje. La Historia reciente ha ido remitiendo las críticas y los juicios, aunque sigue siendo difícil encontrar algún estudio en que la figura del monarca no sea tratada de manera negativa.

Producto de las manipulaciones educativas nacionalistas a nivel de los Gobiernos Ecuatorianos (como la dictadura militar en los años 70 por ejemplo), se glorificó ese día como: “el primer grito de independencia”, lo cual es totalmente falso (no fue ni el primero ni fue independentista), ya que los participantes en aquella revuelta jamás tuvieron intenciones ni autonomistas ni separatistas, sino simplemente un apoyo fiel e incondicional al verdadero Rey de la corona Española, otros aun mucho mas atrevidos lo catalogaron: “Primer Grito de Independencia Hispanoamericana”, lo cual es una verdadera aberración, ya que solo logran insinuar una invitación a otras ciudades para aliarse voluntariamente con el fin de conformar un Gobierno Supremo Interino que represente a Fernando VII, mientras se recupere su libertad (1).

Por muchos años este episodio de la historia del Ecuador permaneció imbuido de un falso sentido patriótico, siendo incluso el 10 de agosto día de fiesta nacional y el día de cambio de mando de presidentes constitucionales cada 4 años por mucho tiempo (actualmente se lo realiza el 15 de enero), sin embargo hace poco tiempo y gracias a la investigación histórica se han podido determinar todos los hechos, orígenes y el contenido de este hecho, develando la veracidad y desmintiendo fantasías, mitos y fanatismos nacionalistas con respecto al mismo, por lo que los términos antes mencionados han caído en desuso, así como el carácter cívico de la fecha, ahora se le conoce como un acontecimiento más de la Historia de Ecuador.

Los hechos

Desde los últimos meses del año de 1808, un grupo de Quiteños se reunían alternadamente en casa de distintos ciudadanos comprometidos con la revolución. El martes 7 de agosto de 1809, los compatriotas se reunieron en casa de Dn. Xavier Ascazubi para redactar la acta de la revolución; el miércoles 8 de agosto de 1809, se reunieron nuevamente en la misma casa para resolver entre todos que el golpe lo darían el jueves 9 de agosto, sin embargo por no haber la concurrencia necesaria decidieron reunirse en la casa parroquial de “El Sagrario” en una habitación que arrendaba Manuela Cañizares aparentando una reunión social.


Efectivamente una vez reunidos los Quiteños redactan una acta de revolución, designando a cada uno sus sectores y responsabilidades para la revolución A las 2 de la madrugada quedo constituida el acta y se puso en marcha inmediatamente el plan.

El Dr. Antonio Ante hacia conocer al Conde Ruiz de Castilla su destitución, a si mismo, al amanecer eran capturados los comandantes de la plaza Bruno Rezua y Joaquín Villaesperanza. Los doctores Morales y Quiroga concurrían a los domicilios de los Marqueses de solanda, de Villaorellanay de Miraflores para hacerles conocer el éxito de la revolución; igualmente fueron enviados mensajeros a las haciendas de “El Obraje” para solicitar la presencia del Marqués de Selva Alegre.

Avanzada ya la mañana queda constituida la Junta Suprema de Gobierno con la redacción del acta respectiva.

Con la vigencia de esta acta, se transforma, de hecho, la estructura política reinante y se consolida la naciente Junta Suprema d Gobierno, cuyo presidente fue designado Dn. Juan Pío Montufar, Marqués de Selva Alegre.

Dn. Juan Pío Montufar, Marques de Selva Alegre.

El 10 de agosto de 1809 muy temprano, dos ciudadanos de Quito Ante y Aguirre se presentan en la residencia del presidente con una carta en la que se redactaba la resolución que había tomado la Junta Soberana, debido a las anomalías observadas durante muchos años con los que se encontraban al mando de los territorios de Quito.

En esta carta se indicaba, también sé hacia conocer al Rey Fernando VII, que los hermanos trasatlánticos habían resuelto formar gobiernos provisionales para la seguridad personal y que todas las autoridades designados por el rey Fernando VII, habían cesado en sus funciones.

El 10 de agosto de 1809, fecha en que se produjo el levantamiento en la Real Audiencia de Quito, en apoyo al depuesto rey de España, Carlos IV, tuvo lugar en la ciudad de Quito, capital del actual Ecuador, un enclave preliminar en casa de Manuela Cañizares, en la noche del 9 de agosto, conformado por nobles criollos, pensadores, militares y grandes terratenientes latifundistas, bajo la égida de Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre y Juan de Dios Morales, infundidos por sentimientos libertarios inspirados por el Precursor Espejo, y la fidelidad hacia el rey Carlos IV, quien se encontraba depuesto y prisionero por Napoleón Bonaparte, quién había colocado en el trono de España a su hermano José Bonaparte, llamado burlescamente (Pepe botella).

A las 6 de la mañana se formo en la plaza frente al palacio un grupo numeroso de ciudadanos, al mismo tiempo que sonó una salva de Artillería o saludo real, y la banda militar estuvo tocando piezas nacionales hasta la 9 de la mañana, a esa hora se reunieron los miembros del nuevo Gobierno Ejecutivo, compuesto por el Marques de Selva Alegre como presidente; de los marques de Orellana, de Solanda, y de Miraflores, del Conde de casa Guerrero, de Dn. Manuel Zambrano, Dn. Miguel Mateuy Dn. Pedro Montufar, Quienes tenían como ministros a Morales y Quiroga. Se publico la declaración relativa a la instalación de la Junta, y se redacto la formula del juramento que debían prestar todos los que formaban parte del nuevo gobierno.

Luego se visito a todos los cuarteles y se preguntaba si querían seguir siendo dominados o querían un propio gobierno constituido, a lo que se acogieron la mayoría de cuarteles exclamando ¡Viva Fernando VII¡, ¡Viva Quito!.

Este grito se regó por todo el territorio y en todos los cuarteles se procedió a realizar el siguiente juramento:

“JURO POR DIOS Y POR LA CRUZ DE MI ESPADA DEFENDER A MI LEGITIMO SOBERANO FERNANDO VII, SOSTENER SUS DERECHOS, MANTENER LA PUREZA DE LA SANTA IGLESIA CATOLICA, ROMANA Y OBEDECER A LAS AUTORIDADES CONSTITUIDAS”.

A las trece idas de instalado el nuevo gobierno, se dirigió en cuerpo a la iglesia del Carmen Alto, cada uno llevaba un traje diferente para ser distinguido en sus cargos.

En Quito un grupo de sublevados formaron una Junta de Gobierno provisional el 10 de agosto de 1809, los participantes acabaron siendo encarcelados y asesinados. En esa fecha los sublevados no propugnaban la independencia sino que hablaban de una República Monárquica o una Monarquía Republicana, manteniendo fidelidad al cautivo rey Fernando VII.

Después del 13 de agosto , la anarquía comenzó a presidir a todas las reuniones de la Junta.

Al poco tiempo, retornó la normalidad en España, fue reinstaurada la monarquía de los Borbón, quiénes cedieron el poder nuevamente al Conde Ruiz de Castilla, con el compromiso de que no se iba a tomar represalias, sin embargo Ruiz de Castilla no respetó este acuerdo, persiguió y encarceló a los cabecillas del grupo, obligando a los otros miembros a huir y esconderse, el único que no fue encarcelado ni perseguido fue Pío Montúfar, por su calidad de noble criollo le debía lealtad al rey Carlos IV, sin embargo ayudó y ocultó a muchos de sus compañeros perseguidos.

Ruiz de Castilla nuevamente presidió la Real Audiencia, además llegó un nuevo contingente de tropas realistas, para precautelar la seguridad y continuidad de la colonia, al mando del Coronel Arredondo, fueron prohibidas las reuniones y se vigilaba toda actividad de los criollos incluso educativas.

El 2 de agosto de 1810, se produjo un intento de liberar a los prisioneros, por parte de clérigos jesuitas y dominicos y la población simpatizantes del movimiento, atacaron los calabozos aprovechando un cambio de guardia, se produjo un enfrentamiento entre las dos partes, y pese a que Arredondo y Ruiz de Castilla, habían ordenado a las tropas realistas proteger a los prisioneros, hasta el juicio formal, los miembros de la guardia real que fuera sometida durante el asalto un año antes, aun guardaban rencores y odio hacia los prisioneros, por lo que se dirigieron a los calabozos y sin previo aviso los asesinaron. Este hecho se conoce en Ecuador como la “matanza del 10 de agosto”.

Acta
Nos, los infrascritos diputados del pueblo, atendidas las presentes críticas circunstancias de la nación, declaramos solemnemente haber cesado en sus funciones los magistrados actuales de esta capital y sus provincias; en su virtud, los del barrio del centro o Catedral, elegimos y nombramos por representantes de el a los Marqueses de Selva Alegre y Solanda, y lo firmamos. Manuel de Angulo, Antonio Pineda, Manuel Cevallos, Joaquín de la Barrera, Vicente Paredes, Juan Ante y Valencia. Los del barrio de San Sabastián elegimos y nombramos por representante de él a don Manuel Zambrano, y lo firmamos, Nicolás Vélez, Francisco Romero, Juan Pino, Lorenzo Romero, Manuel Romero, Miguel Donoso.

Los del barrio de San Roque elegimos y nombramos por representante de él al Marqués de Villa Orellana, y lo firmamos. José Rivadeneira, Ramón Puente, Antonio Bustamante, José Alvarez, Diego Mideros.

Los del barrio de San Blas elegimos y nombramos por representante de él a don Manuel de Larrea y lo firmamos. Juan Coello, Gregorio Flor de la Bastida, José Ponce, Mariano Villalobos, José Bosmediano, Juan Unigarro y Bonilla. Los del barrio de Santa Bárbara elegimos y nombramos representante de él al Marqués de Miraflores y lo firmamos. Ramón Maldonado, Luis Vargas, Cristóbal Garcés, Toribio Ortega, Tadeo Antonio Arellano, Antonio de Sierra. Los del barrio de San Marcos elegimos y nombramos por represente de él a don Manuel Matheu y lo firmamos. Francisco Javier Ascázubi, José Padilla, Nicolás Vélez, Nicolás Jiménez, Francisco Villalobos, Juan Barreto. Declaramos que los antedichos individuos unidos con los representantes de los Cabildos de las provincias sujetas actualmente a esta gobernación y las que se unan voluntariamente a ella en lo sucesivo, como son Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá que ahora dependen de los Virreinatos de Lima y Santa Fe, las cuales se procurará atraer, compondrán una Junta Suprema que gobernará interinamente a nombre y como representante de nuestro legítimo soberano, el señor don Fernando Séptimo, y mientras su Majestad recupere la Península o viniere a imperar en América, elegimos y nombramos por Ministros o Secretarios de Estado a don Juan de Dios Morales, don Manuel Quiroga y don Juan de Larrea, al primero para el despacho de los Negocios extranjeros y de la Guerra, el segundo para el de Gracia y Justicia y el tercero para el de Hacienda; los cuales como tales serán individuos natos de la Junta Suprema. Esta tendrá un Secretario Particular con voto y nombramos de tal a don Vicente Alvarez.

Elegimos y nombramos por Presidente de ella al Marqués de Selva Alegre. La Junta como representante del Monaca tendrá el tratamiento de Majestad; su Presidente el de Alteza Serenísima; y sus Vocales el de Excelencia, menos el Secretario Particular a quien se le dará el de Señoría. El Presidente tendrá por ahora y mientras se organizan las rentas del estado seis mil pesos de sueldo anual, dos mil cada vocal y mil el Secretario Particular. Prestará juramento solemne de obediencia y fidelidad al Rey en la Catedral inmediatamente y lo hará prestar a todos los cuerpos constituidos así eclesiásticos como seculares. Sostendrá la pureza de la religión, los derechos del Rey, y los de la patria y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses, valiéndose de cuantos medios y arbitrios honestos le sugiriesen el valor y la prudencia para lograr el triunfo. Al efecto y siendo absolutamente necesario una fuerza militar competente para mantener el Reino en respeto, se levantará prontamente una falange compuesta de tres batallones de infantería sobre el pie de ordenanza y montada la primera compañía de granaderos; quedando por consiguiente reformadas las dos de infantería y el piquete de dragones actuales. El jefe de la falange será Coronel y nombramos tal a Don Juan Salinas, a quien la Junta hará reconocer inmediatamente. Nombramos de Auditor General de Guerra, con honores de Teniente Coronel, tratamiento de Señoría y mil quinientos pesos de sueldo a don Juan Pablo Arenas y la Junta le hará reconocer. El Coronel hará las propuestas de los oficiales, los nombrará la Junta, expedirá sus patentes y las dará gratis el Secretario de la Guerra. Para que la falange sirva gustosa y no le falte lo necesario, se aumentará la tercera parte sobre el sueldo actual desde soldado arriba. Para la más pronta y recta administración de justicia, creamos un Senado de ella compuesto de dos Salas Civil y Criminal con tratamiento de Alteza. Tendrá a su cabeza un Gobernador con dos mil pesos de sueldo y tratamiento de Usía Ilustrísima. La sala de lo Criminal un Regente subordinado al Gobernador, con dos mil pesos de sueldo y tratamiento de Señoría; los demás Ministros con el mismo tratamiento y mil quinientos pesos de sueldo; agregándose un Protector General de Indios con honores y sueldo de Senador. El Alguacil Mayor con tratamiento y sus antiguos emolumentos. Elegimos y nombramos tales en la forma siguiente: Sala de lo Civil, Gobernador don José Javier Ascázubi, Decano, don Pedro Jacinto Escobar, don José Salvador, don Ignacio Tenorio, don Bernardo de León, Fiscal, don Mariano Merizalde. Sala de lo Criminal, Regente don Felipe Fuertes Amar, Decano, don Luis Quijano, Senadores, don José del Corral, don Víctor de San Miguel, don Salvador Murgueitio, Fiscal, don Francisco Xavier de Salazar. Protector General, don Tomás Arechaga, Alguacil Mayor, don Antonio Solano de la Sala. Si alguno de los sujetos nombrados por esta soberana diputación renunciare el encargo sin justa y legítima causa, la Junta le admitirá la renuncia, si lo tuviere por conveniente, pero se le advertirá antes que será reputado como tal mal patriota y vasallo y excluido para siempre de todo empleo público. El que disputare la legitimidad de la Junta Suprema constituida por esta acta tendrá toda libertad bajo la salvaguardia de las leyes de presentar por escrito sus fundamentos y una vez que se declaren fútiles, ratificada que sea la autoridad que le es conferida, se le intimará a prestar obediencia, lo que no haciendo se le tendrá y tratará como reo de estado.

Dado y firmado en el Palacio Real de Quito, a diez de Agosto de mil ochocientos nueve, Manuel de Angulo, Antonio Pineda, Manuel Cevallos, Joaquín de la Barrera, Vicente Paredes, Juan Ante y Valencia, Nicolás Vélez, Francisco Romero, Juan Pino, Lorenzo Romero, Manuel Romero, Miguel Donoso, José Rivadeneira, Ramón Puente, Antonio Bustamante, José Alvarez, Juan Coello, Gregorio Flor de la Bastida, José Ponce, Mariano Villalobos, Diego Mideros, Vicente Melo, José Ponce, José Bosmediano, Juan Unigarro y Bonilla, Ramón Maldonado, Luis Vargas, Cristóbal Garcés, Toribio Ortega, Tadeo Antonio Arellano, Antonio de Sierra, Francisco Javier de Ascázubi, José Padilla, Nicolás Jiménez, Francisco Villalobos, Juan Barreto.

“En su ingenuidad muchos Quiteños juraron lealtad y protección a un Rey déspota y absolutista creyendo quizá que este agradecería luego la deferencia, siendo traicionados y asesinados vil y cruelmente, cuidado nos pasa eso nuevamente.”

Monumento al Rey Felón

Léase también:

EL BICENTENARIO DE UNA MENTIRA | EL SECRETO DEL 10 DE AGOSTO DE 1809

Fuentes:

FMM Educación| ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE QUITO (1809) (1)

El nuevo empresario | 10 de agosto de 1809 “Primer Grito de la Independencia de Ecuador”

Wikipedia | Instalación de la Primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito

Wikipedia | Fernando VII de España

Wikipedia | Carlos IV de España

Midena | 10 DE AGOSO DE 1809