Está a punto de celebrarse gracias a la hipocresía y al exacerbado nacionalismo del Gobierno Ecuatoriano el bicentenario de una de las vergüenzas más grandes que ha vivido la Villa de Quito y sus villanos, me refiero al mito inventado, la gran mentira Quiteña, el famosísimo y ridículo: “primer grito de independencia”.


Ya expuse a modo de investigación un post donde explico porque el diez de agosto de 1809 no puede ser considerado jamás un primer grito de nada en este país, peor podría ser un primer grito hispanoamericano (ese mérito lo tienen los Bolivianos), no obstante creo que quedaron cabos sueltos y para sacarlos de las dudas por completo hago este segundo post con ciertos pormenores oscuros, misteriosos y latentes los cuales estuvieron siempre presentes motivando la revuelta Quiteña y ante lo cual giró absolutamente todo el famoso y falso grito de independencia, el cual no llegó a ser ni siquiera un gemido.

Todo el problema ocurrido con la revuelta Quiteña del 10 de agosto fue un asunto simplemente político y religioso sin ningún tinte independentista, libertario o separatista, ni siquiera fue autonomista, jamás se gritó: “Abajo el yugo Español”, siempre se gritó: “Viva Fernando VII”.

Los nobles conservadores Quiteños dirigidos y manipulados por el Marqués de Selva Alegre (el cual según se cree prometía títulos nobiliarios), organizaron su protesta, su pequeño “golpe de Estado” para no perder los privilegios obtenidos por la monarquía de los Borbón, ya que el nuevo monarca José Bonaparte (hermano de Napoleón Bonaparte) entraría con una nueva monarquía y eliminaría la anterior, además existía un miedo enorme a la masonería dado que José Bonaparte no solo era Masón sino además Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, se entiende entonces que el grito a favor de Fernando VII haya sido contrario al Gran Maestro y a favor de la conservadora Iglesia Católica dominante de ese entonces:

“JURO POR DIOS Y POR LA CRUZ DE MI ESPADA DEFENDER A MI LEGITIMO SOBERANO FERNANDO VII, SOSTENER SUS DERECHOS, MANTENER LA PUREZA DE LA SANTA IGLESIA CATOLICA, ROMANA Y OBEDECER A LAS AUTORIDADES CONSTITUIDAS”.

En España algún tiempo después, habiendo retomado el poder absoluto, Fernando VII persiguió, encarcelo y asesinó a los masones en todo su reino:

Por la Real Cédula del 1 de agosto de 1824 prohibo para siempre en España e Indias las sociedades de francmasones y otras cualesquiera secretas.

El odio del conservadurismo centralista Quiteño hacia la Masonería ha quedado sentado en la historia del Ecuador en innumerables ocasiones, pero principalmente cuando asesinaron e incineraron despiadadamente a Eloy Alfaro por el crimen de ser masón en: “la hoguera bárbara”, graduándose y con todos los honores de verdaderos animales (¿ellos son los que nos apodan a nosotros “monos”?).

El 28 de enero de 1912, en una hoguera bárbara, turbas asesinas, al grito de ¡Viva la religión, abajo la masonería!, sedientas de sangre y cargadas de odio, asesinan, arrastran e incineran a Eloy Alfaro. Muere a los 70 años de edad.

Inmolación de Eloy Alfaro Delgado

Voy a reseñar un poco sobre Fernando VII: Este sujeto fue uno de los más absolutistas déspotas y miserables reyes que pudo tener España, le decían “Rey Felón”, felón significa cruel, malvado y asi le veian los Españoles, como un mal rey, sin escrupulos, vengativo y traicionero, nadie lo quería en España, y menos cuando se descubrió que llegó al poder pactando con los Franceses que lo ayudaron a destronar a su propio padre: el Rey Carlos IV en el Motín de Aranjuez:

Poco después, en marzo de 1808, ante la presencia de tropas francesas en España (dudosamente respaldadas por el tratado de Fontainebleau), la corte se trasladó a Aranjuez, como parte de un plan de Godoy para trasladar a la familia real a América si la intervención francesa así lo requiriese. El día 17, el pueblo, instigado por los partidarios de Fernando, asaltó el palacio del Príncipe de la Paz. Aunque Carlos IV se las arregló para salvar la vida de su favorito, fue obligado a abdicar en favor de su hijo el día 19. Estos hechos son los que se conocen como Motín de Aranjuez. Por primera vez en la historia de España, un rey era destronado por su propio hijo.

Fernando VII por Goya

Todo esto para el año de 1808, donde en muy poco tiempo ya gozaba de una gran antipatía al suprimir la constitución del mismo año y descubrirse la conspiración contra su propio padre manipulando al pueblo y levantándolos en armas para asumir el trono con la ayuda del ejército invasor Francés.

El tiempo mal pagó sus traiciones, irrefrenables ambiciones y ansias de poder, ya que Napoleón Bonaparte no respetó sus acuerdos despreciando y burlándose no solo de el sino que de su padre también, la enorme y muy conocida astucia de Bonaparte “Le Petit Cabroncete” brilló durante las abdicaciones de Bayona:

Entretanto, la situación en Bayona estaba adquiriendo tintes grotescos. Carlos IV afirmó que la renuncia al trono producida tras el motín de Aranjuez era nula y exigió la devolución de su trono. Napoleón le obligó a ceder sus derechos a cambio de asilo en Francia para él, su mujer y su favorito Godoy, así como una sustancial pensión (30 millones de reales anuales). Cuando llegaron a Bayona las noticias del levantamiento de Madrid y de su represión, Napoleón y Carlos IV presionaron a Fernando VII que reconociera a su padre como rey legítimo. A cambio de un castillo y de una pensión anual de cuatro millones de reales, aceptó, el 6 de mayo de 1808, ignorando que su padre ya había renunciado en favor de Bonaparte, por tanto, los derechos a la corona de España, recayeron en Napoleón, los cuales fueron otorgados a su hermano José, que reinaría en España como José I Bonaparte. Todo este acto de traspasos de la corona española se conoce como Abdicaciones de Bayona.

La burla y el profundo desprecio del Francés ante el servilismo indigno y humillante de Fernando VII se hizo evidente en el destierro de Santa Elena cuando recordaba así al Monarca Español:

“No cesaba Fernando de pedirme una esposa de mi elección: me escribía espontáneamente para cumplimentarme siempre que yo conseguía alguna victoria; expidió proclamas a los españoles para que se sometiesen, y reconoció a José, lo que quizás se habrá considerado hijo de la fuerza, sin serlo; pero además me pidió su gran banda, me ofreció a su hermano don Carlos para mandar los regimientos españoles que iban a Rusia, cosas todas que de ningún modo tenía precisión de hacer. En fin, me instó vivamente para que le dejase ir a mi Corte de París, y si yo no me presté a un espectáculo que hubiera llamado la atención de Europa, probando de esta manera toda la estabilidad de mi poder, fue porque la gravedad de las circunstancias me llamaba fuera del Imperio y mis frecuentes ausencias de la capital no me proporcionaban ocasión.”

Parece un juego de niños pero es la realidad, Napoleón Bonaparte jugó con este par de traidores a su patria y a su corona a su antojo.

Todas las traiciones y embustes de los Reyes ya se conocía en el año de 1808, es incluso muy conocida la sorpresa de Napoleón ante el rechazo del Reinado de su hermano, ya que siendo este mucho más “humano” que los Reyes anteriores, fue rechazado por los Españoles ultranacionalistas y conservadores, siendo tildados luego por el diminuto gran Francés como locos.

¿Por qué un grupo de terratenientes, nobles y pelucones (de peluca) Quiteños apoyarían a semejantes Reyes Españoles absolutistas, déspotas y traidores que vendieron su corona por unos castillos y unos cuantos millones como pensión?


No existe justificativo para tamaña estupidez, la realidad es que los Quiteños apoyaron a un rey absolutista y “parricida” como Fernando VII; seguramente si viajásemos al pasado y los conociésemos nos decepcionaríamos enormemente al verlos, siendo unos pelucones mestizos muy acomplejados y engreídos que se creían nobles porque toman el te levantando el dedo meñique (de libertarios no tenían ni el dedo que levantaban).

Asesinaron a traición a los pelucones (de peluca) revoltosos el 2 de agosto de 1810 los emisarios del Rey al que juraron lealtad y defendieron, Rey al cual su propio pueblo (Español) calificó de “traicionero”, esto les pasó a los Quiteños de entonces por tontos, ingenuos, acomplejados y serviles, les pasa a muchos en este país a decir verdad, ¿cuantos sujetos aquí no se creen de la más alta cuna y rancia nobleza y no se fijan que somos todos mestizos?, creen que siendo “snobs”, adulando y aliándose con gente “importante” logran una cierta alcurnia.

Pero ya… quizá siendo un poco más abierto, tal vez todo esto del 10 de agosto no fue producto de una profunda y quizá hereditaria estupidez Quiteña, puede ser también producto de complejos, conveniencias políticas, ignorancia religiosa o porque eran unos nobles ultrafascistas e imperialistas que en su afán de mantener y comprar privilegios apoyaron el absolutismo total de un Rey déspota y sanguinario que no solo los asesinó sino que terminó asesinando y llevando al destierro a miles de Españoles ya que por su culpa y gracias a su ley de sucesión al trono Español a conveniencia de sus intereses personales se desataron las guerras Carlistas obligando a miles de Españoles a huir de su país llegando la mayoría de estos hasta América (Vascos).

“Muchos historiadores Españoles ven a esta revuelta Quiteña como la estupidez mas grande que ninguna ciudad pudo haber cometido, los Quiteños causan lástima y son el hazme reir en una historia donde juraron lealtad a un Rey odiado por su propio pueblo y solo amado por sus esclavos a distancia que a la larga malagradeció la deferencia de estos con la indiferencia”

¿Ahora entienden porque le decían Rey Felón?

Monumento al Rey Felón