El concepto central de la nueva epistemología – tanto los paradigmas homeostáticos como los evolutivos – es la idea de circularidad. En el campo de la salud mental ha habido un creciente desencanto de la causalidad lineal del pensamiento occidental.

Tradicionalmente se ha pensado en la enfermedad mental en términos lineales, con explicaciones históricas y causales del padecimiento. Los esfuerzos por explicar el comportamiento sintomático se han basado, habitualmente, en un modelo médico o en un modelo psicodinámico. El primero compara la depresión emotiva o mental con un mal funcionamiento biológico o enfermedad. El tratamiento consiste en encontrar una “etiología” del llamado mal (constructo típicamente lineal) y después instituir un tratamiento, como administrar medicamentos o inventar otros medios de alterar o de bloquear los procesos físicos considerados culpables del estado del paciente. Los encargados del tratamiento deben ser, desde luego, médicos. Y el marco frecuentemente serán los hospitales.

El modelo psicodinámico ha sido influido por descubrimientos efectuados en el siglo XIX acerca de formas de energía tales como la electricidad y el vapor. En cuanto al modelo médico, la etiología se concibe en términos lineales. Se dice que los síntomas brotan de un trauma o conflicto que se originó en el pasado del paciente y que, por una variedad de razones, fue relegado al inconsciente. El tratamiento consiste en ayudar al paciente a recuperar el recuerdo del hecho reprimido, que puede ser también una fantasía o un deseo inaceptable, y reexperimentar las emociones enterradas con él. Una vez que el secreto material del paciente llega a ser conocido, y se “trabaja” en las emociones enterradas dentro de los confines seguros de la relación terapéutica, se presume fundadamente que el paciente ya no necesitará el síntoma.

Así, estos dos modelos típicamente consideran el mal sintomático como una malfunción debida a causas biológicas o fisiológicas, o a un acontecimiento reprimido del pasado. En ambos modelos, el individuo es el locus de la malfunción, y la etiología está conectada con una imperfección de sus genes, bioquímica o desarrollo intrapsíquico.

Después de décadas de estricta lealtad a estos modelos, empezó a surgir una nueva conceptualización. Las pruebas aportadas por los observadores tras la pantalla apoyaron el creciente desencanto de la visión lineal e histórica. Si alguien veía a una persona con una aflicción psiquiátrica en una clínica, fácil le sería suponer que esa persona padecía un desorden intrapsíquico surgido de su pasado. Pero si se veía a la misma persona con su familia, en el marco de las relaciones diarias, se empezaba a ver algo totalmente distinto. Empezaban a verse las comunicaciones y comportamientos de todos los presentes, componiendo muchos “rizos” causales circulares que avanzaban y retrocedían, siendo el comportamiento de la persona afligida tan solo una parte de una danza general recurrente.

De todos los que han escrito acerca del cambio o una epistemología circular, es Gregory Bateson el que más persistentemente ha tratado de capturar a este monstruo elusivo. En Mind and Nature, establece una distinción entre el mundo de los objetos físicos y el mundo de las formas vivas.[1]

El mundo físico, el mundo de Newton, supone un modelo de bola de billar en que la causalidad es lineal y las fuerzas actúan unidireccionalmente sobre las cosas. Bateson objeta diciendo que el mundo de las formas vivas está mal explicado al compararlo con una mesa de billar. En el mundo de las formas vivas no solo la fuerza, sino también la información y las relaciones son importantes.

El ejemplo clásico de este punto de vista es la diferencia entre patear una piedra y patear a un perro. En el caso de la piedra, la energía transmitida por el puntapié hará que la piedra recorra cierta distancia, lo que le puede predecirse por el peso de la piedra, la fuerza del puntapié, etc. Pero si un hombre patea a un perro, la reacción del perro no depende enteramente de la energía del hombre, porque el perro tiene su propia fuente de energía, y el resultado es impredecible. Lo transmitido es noticia acerca de una relación: la relación entre el hombre y el perro. El perro responderá de una de muchas maneras, dependiendo de la relación y de cómo interprete el puntapié. Podrá encogerse, huir, o tratar de morder al hombre, que puede modificar su propio comportamiento ulterior. Por ejemplo, si el hombre resulta mordido, podrá pensarlo dos veces antes de volver a patear a ese perro en particular.

Por consiguiente, arguye Bateson, necesitamos una nueva gramática, un nuevo lenguaje descriptivo para pintar lo que está ocurriendo en el mundo vivo. ¿Qué caracteriza esta gramática? Primero, como podíamos esperarlo, objeta el lenguaje “cosa”, que brota de nociones lineales de causa y efecto, de preferencia sobre un lenguaje recursivo, en que todos los elementos de un proceso determinado avanzan juntos. “El hombre se valió de una hoz para segar un campo” es lenguaje cosa, y el lineal: Sugiere que un segmento bien marcado (el hombre) tomó otro segmento bien marcado (una hoz) y lo usó para cortar otro segmento (un campo). Obtenemos esta progresión lineal: A, utilizando B, actuó sobre C, para efectuar D. ahora, he aquí una descripción recursiva, circular, del mismo proceso, hecha por Mary Catherine Bateson, hija del antropólogo:

Un hombre con una hoz se ve limitado por la forma de la hoz: en realidad, el movimiento de su propio cuerpo es afectado por las curvas de su herramienta, una proposición concreta acerca del movimiento combinado del hombre y la herramienta, a lo largo de campos profundos a través de generaciones; al pasar el tiempo, su propia musculatura se volverá un registro de las enseñanzas de la hoz, primero en rigidez, y luego en naciente gracia y habilidad. Necesitamos tiempo para comprender este sistema, para dejar de concebirlo como simplemente instrumental.[2]

En el caso de los sistemas vivos, no es posible asignar a una parte una influencia causal ante otra, o establecer, en absoluto, marcadores lineales. Como dice Bateson, un cerebro no “piensa”. Lo que “piensa” es un cerebro dentro de un hombre que parte de sistemas generales que residen, en equilibrio, dentro de su medio. No podemos trazar una línea que indique una parte que piensa y otra que aprovecha el pensamiento. “Lo que piensa es un circuito total.”[3]

De manera similar, al describir la evolución del caballo, Bateson habla de la relación entre caballo y hierba, en que cada parte reacciona a los cambios de la otra. Hablar del caballo “evolucionando” y del cerebro “pensando” como si no formaran parte de un proceso autorreflexivo y continuo que incluye otros elementos sería desconocer las leyes de relatividad de las formas vivas. Las descripciones newtonianas clasifican una pieza de acuerdo con atributos y características inherentes a ella. Las descripciones recurrentes definen una pieza en términos de su relación con otras piezas. Volvamos a citar a Bateson:

Quedé totalmente fascinado, y aún lo estoy, con el descubrimiento de que, cuando se emplea el lenguaje correctamente para describir una planta en flor se dirá que una hoja es un órgano lateral en un tallo que se caracteriza por tener un capullo, a saber, un tallo “bebé” en el eje. Así, las definiciones se volvieron: un tallo es lo que sostiene hojas, y una hoja es lo que tiene un tallo en el ángulo; y lo que está en el ángulo de la hoja es un tallo “bebé”, y así sucesivamente.[4]

Ideas como estas tiene implicaciones no menos extraordinarias cuando se aplican al campo de la psicoterapia. Ya no es posible creer que el terapeuta “causa un efecto” sobre el cliente o la familia por medio de su personalidad, su habilidad o su técnica. El terapeuta no es un agente, y el cliente no es un sujeto. Ambos forman parte de un campo más extenso en que terapeuta, familia y cierto número de otros elementos actúan y reaccionan unos sobre otros de maneras impredecibles, porque cada acción y reacción cambia continuamente la naturaleza del campo en que residen los elementos de este nuevo sistema terapéutico. Una epistemología circular forma parte de este campo más extenso, elemento inextricable de lo que está tratando de cambiar.

[1] Bateson, Mind and Nature, p. 41.
[2] Bateson, M. C., “Daddy, Can a Scientist Be Wise?, en Brockman, J. (comp.), About Bateson, Nueva York: E. P. Dutton, 1977, p. 65
[3] Bateson, G., “The Birth of a Double Bind”, en Berger, M. (comp.), Beyond the Double Bind, Nueva York: Brunner/Mazel, 1978, p.53.
[4] Bateson, Ibid., p.45.