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miércoles 21 de octubre de 2009

Cuba: Conservadurismo y contrarrevolución


Cuba conoce muy poco lo que es vivir en democracia. A lo largo de sus 107 años de vida republicana, han sido poquísimos los años en que ha estado bajo un régimen democrático. Ha tenido dictaduras de todo tipo y color, siendo la última la actual: el régimen castrista-socialista-comunista. En el año 2009 se conmemora los cincuenta años de su arribo al poder. Y no decimos “se celebra” pues se conmemoran o recuerdan las tragedias, y se celebran los acontecimientos positivos con algarabía y jolgorio.

Personalidades del mundo académico, político y social celebraron en las embajadas cubanas de sus respectivos países la victoria de su revolución, pues esta sólo trajo beneficios para los dirigentes comunistas detentadores del poder, y regocijo a sus camaradas latinoamericanos y del planeta entero. ¿Y qué pasó con el pueblo cubano? ¿Siente como suya la revolución? Difícil responder con un sí. Toda Cuba es una isla Alcatraz, La Habanaes el Guantánamo para los propios cubanos. Que lo digan los presos de conciencia, los balseros, los ciudadanos empobrecidos ¿Se celebra o se conmemora?

Reformismo y revolución es una diarquía que ha gobernado en el pensamiento socialista desde el siglo XIX. Estrategias contrapuestas para cambiar radicalmente la sociedad. El reformismo significaba cambiar el orden establecido por la democracia liberal usando sus propios mecanismos, como alcanzar el poder mediante elecciones libres y competitivas, y luego implementar medidas que construyesen la sociedad socialista de forma gradual, ya sea desde el parlamento o desde el ejecutivo mismo. Y la negociación entre los grupos proletarios y las instituciones del Estado debían renovarse constantemente con la finalidad de obtener siempre mejoras para la clase obrera ¿Y qué proponían los revolucionarios?

Las Damas de Blanco son un grupo de mujeres cubanas que buscan la libertad de sus hijos, esposos, de sus seres queridos que fueron procesados sumariamente y encarcelados por la dictadura castrista por el sólo hecho de pensar distinto, por pedir más libertades, desde las básicas como son la libertad de expresión y de prensa, hasta el derecho de elegir a sus propios representantes y autoridades y desplazarse libremente dentro de su propio país. En Argentina, las Madres de Plaza de Mayo, mujeres que se organizaron para buscar a sus esposos, hijos y nietos encarcelados y desaparecidos por la dictadura militar de los años 70’s deberían ser sus mejores aliadas. Pero no. Para algunas de sus líderes, las cubanas son contrarrevolucionarias. ¿Estarán en lo cierto?

Los revolucionarios no se caracterizaban precisamente por su paciencia. Proponían el cambio radical de la sociedad de manera inmediata. La democracia liberal con su Estado no es más que la superestructura, reflejo de la estructura de la sociedad –su lado económico-, desde donde los detentadores de los medios de producción (industrias, fábricas y toda aquella institución generadora de riqueza) imponen sus leyes, ideología, incluso su religión. Por eso el revolucionario no es un legalista, Marx decía que la ideología es una distorsión de la realidad y la religión es el opio del pueblo. Y si la toma del poder debía ser rápida, la violencia era la única vía. ¿Los reformistas también consideraban a la violencia como “partera de la historia”?

Lo cierto entre las Madres de Plaza de Mayo argentinas y las Damas de Blanco cubanas es que tienen una gran semejanza y una gran diferencia. Las dos surgen como respuesta desesperada, justa, entendible y organizada a las injusticias y aberraciones de las cuales fueron víctimas sus familiares por parte de dos dictaduras crueles e inhumanas; pero la diferencia es que no pocas líderes de las primeras se convirtieron al socialismo radical y revolucionario, abrazaron el comunismo; mientras que las segundas desean, además de la libertad de sus defendidos, los beneficios de la democracia y la implantación de sus principios como la tolerancia y los derechos liberales como el de libre expresión, reunión y prensa. Una de las líderes de las primeras, Hebe de Bonafini, defendía públicamente la legitimidad de la lucha armada, y manifestó haber estado alegre por el ataque terrorista contra el World Trade Center el año 2001 en Nueva York.

El reformismo socialista no utiliza la violencia para cambiar la sociedad, sino la presión popular, la negociación y la persuasión. La paciencia es su virtud para algunos; para otros, su lentitud es su peor defecto. El hecho es que los socialistas de la Europa occidental prefirieron tomar el camino reformista, y el mundo en vías de desarrollo vio aparecer por doquier a socialistas revolucionarios que invitaban a la lucha armada para alcanzar el poder y establecer desde ahí la dictadura del proletariado. Como dijo Lenin: “La dictadura revolucionaria del proletariado es un poder conquistado y sostenido por la violencia del proletariado contra la burguesía, un poder que no está sometido a ley alguna”. ¿Y cuántos hombres de leyes filo revolucionarios socialistas tenemos en nuestros países?

Fidel Castro ya no es más, oficialmente, presidente de Cuba. El cargo lo entregó a su hermano Raúl, quien al poco tiempo lanzó discursos y declaraciones donde manifestó su deseo de implementar reformas tendientes a mejorar la pobre situación de la mayoría de cubanos. Entre estas mencionó la eliminación de los topes salariales (en Cuba ganar 30 dólares americanos mensuales por un trabajo formal es una utopía; el salario promedio es menor a los 20 dólares), la libertad del pluriempleo (actualmente está prohibido tener más de un trabajo), entrega de tierras sin cultivar a los campesinos para aumentar la producción de alimentos, y anunció mejoras para la alicaída calidad educativa. Por otro lado, eliminó la prohibición a los cubanos de hospedarse en hoteles y legalizó la venta de computadoras, teléfonos celulares y equipos electrónicos como los reproductores DVD.

Frente a los reformadores y revolucionarios socialistas se encuentran los conservadores y contrarrevolucionarios. Los dos primeros tienen como característica común la idea de cambio, transformación; los dos últimos defienden la idea de conservación, estabilidad. Cada uno es la antítesis del otro. Contra los reformadores se yerguen los conservadores, quienes defienden el statu quo usando la legalidad: persuasión versus persuasión (y disuasión); delante de los revolucionarios se colocan los contrarrevolucionarios, quienes quieren evitar la transformación de la sociedad y su sistema político usando la violencia: sangre por sangre. Cuando a mediados del siglo XIX los grupos revolucionarios aparecieron y luchaban para derrocar gobiernos en Europa, la democracia bordeaba los cincuenta años de existencia como sistema político alternativo.

Cuba conoce muy poco lo que es vivir en democracia. Más de una generación de cubanos que hoy en día viven en la isla no han vivido jamás en un gobierno que respete los derechos humanos, que les permita realizarse libremente como personas y ciudadanos, que permita la elección libre de autoridades y representantes: no conocen otros líderes máximos que no sean los hermanos Castro. Decenas de años viviendo bajo dictaduras. Cincuenta años de dictadura comunista y cincuenta y siete años de dictadura continua si contamos desde el golpe de Fulgencio Batista, nos lleva a pensar que en Cuba el statu quo es el sistema político autoritario con su régimen político castrista-socialista-comunista aún vigente; y que los verdaderos revolucionarios son los que buscan para Cuba democracia, libertades y una vida digna y propia, porque eso sería lo novedoso.

Los conservadores se caracterizan, en cuanto a su discurso, por no rechazar las reformas de plano, pero aducen que el momento (cualquiera) no es propicio para cambios. Y en cuanto a su forma de accionar, se les reconoce porque frente a las reformas las dividen en 1) las que son potencialmente transformadoras, 2) las que no afectan el orden establecido y 3) las que son un atenuante (para evitar un conflicto social mayor). A las reformas aceptadas las desnaturalizan, las vacían y truncan mediante argucias legales o a través de la descarada contravención. Los contrarrevolucionarios, impacientes y hostiles como los revolucionarios, aplican la violencia preventiva y la respuesta armada legal o paramilitar frente a la subversión comunista. Para ellos, el debido proceso no existe: ausencia de defensa legal del acusado, juicio sumario y penalidades altísimas que llegan a la no poco frecuente pena de muerte. Y otras veces el mismo proceso judicial se salta mediante las ejecuciones extralegales.

Al parecer Raúl Castro quiere ser un reformista (o aparentar serlo). Pero la verdad es que es un conservador. Su real deseo es conservar el sistema político autoritario con su régimen castrista-socialista-comunista vigente desde hace medio siglo: ese es el statu quo. Sus reformas no se implementan, y si lo son se desnaturalizan, vacían o truncan. La libertad de hospedarse en hoteles se convierte en humor negro cuando se sabe que los cubanos ganan míseros sueldos que no les permite darse esos gustos de extravagancia capitalista. El servicio de internet sólo está en los hoteles, o en otros sitios públicos contados con los dedos de la mano, y aún continúa la prohibición de brindar el servicio de internet privado. En las escuelas primarias los maestros son adolescentes, casi niños, pues los antiguos maestros, ya jubilados, no quieren regresar a las aulas por míseros sueldos (y lo que es un atentado frente a la construcción de la paz, los niños aprenden a escribir la letra F con las palabras Fidel y fusil). Nadie repite de año en Cuba, está prohibido desaprobar a los alumnos, pues eso aumentaría el costo del presupuesto en educación.

Los revolucionarios marxistas denuncian la plusvalía o parte de la riqueza producida por el trabajo del proletario que es retenido por los dueños de los medios de producción para reinvertirlo, incrementando su riqueza y poder. Los conservadores, mediante normas, mantienen esta explotación y usurpación, dice el discurso revolucionario marxista. En Cuba, los deportistas, médicos, trabajadores del sector turismo o todos aquellos que ganan salarios pagados por gobiernos, empresas o instituciones diversas del extranjero que hayan hecho un convenio con el gobierno cubano para utilizar la fuerza laboral cubana, no reciben su salario completo. El Estado cubano cobra el salario (que en algunos casos puede llegar a 400 dólares americanos), y le da al deportista, profesional o trabajador (al proletario) sólo el 5% de este (es decir, unos 20 dólares americanos como máximo). Se confisca hasta el 95% del salario. Es decir, en el régimen castrista-socialista-comunista la plusvalía es mucho mayor que en los sistemas capitalistas, pero en este caso el que se queda con esta gran riqueza es el gobierno de los hermanos Castro, incrementando su poder para seguir reprimiendo y explotando al pueblo. Y las normas sustentan esto. Por lo tanto, los conservadores son los dirigentes comunistas y funcionarios del gobierno que permiten la conservación de esta realidad. Los verdaderos revolucionarios, en consecuencia, son los cubanos que desean que el trabajador cubano reciba los frutos de su trabajo, y tenga la posibilidad de elegir libremente para quién trabajar o en qué trabajar; es decir, los que buscan el cambio.

No hay reformismo en Cuba. Hay un conservadurismo que mantiene la sociedad en pobreza y bajo opresión. En el sector salud no hay médicos, la gran mayoría está en las diferentes misiones extranjeras y no pocos se quedan en esos países libres. Los enfermos en Cuba deben llevar los instrumentos que servirán para curarlo. Y los pocos médicos que quedan en la isla Juana son aún estudiantes. La reforma agraria de Raúl Castro no lo es tal: las tierras se entregan en usufructo (como los señores feudales se las daban a sus vasallos); no se les da en propiedad a los campesinos, el Estado se las puede quitar en cualquier momento. Y lo que es peor, no pueden vender sus frutos a quien ellos quieran. Cuba vive en el feudalismo pre revolucionario, en la pre modernidad. Oscurantismo. Y aún se mantienen medidas surrealistas como la prohibición de comer carne de res. Y la Asamblea Popular o parlamento cubano permite esto. Las leyes al servicio de la explotación del pueblo cubano. La idea es conservar el poder para los dirigentes comunistas. Por lo tanto, los revolucionarios verdaderos son aquellos que quieren cambiar esta situación de realismo-mágico, los que buscan una verdadera reforma agraria en la cual se les dé en propiedad la tierra a los campesinos y que luego ellos se organicen (o no) libremente para trabajarla y vender a quien ellos quieran. Revolucionario de a verdad es aquel cubano que desea ver a sus médicos en su propio país, ganando lo que se merecen. Revolucionario es el que quiere cambiar su sociedad, hacerla libre, próspera.

Y claro que hay verdaderos revolucionarios en Cuba. Personas que denuncian a viva voz la mordaza a la libertad de expresión y prensa ¿puede haber periodistas y hombres de prensa filo castristas aún en el mundo? Sí los hay, y mucho. Revolucionarios son los que exigen verdaderas elecciones, donde no exista un candidato único y eterno, donde existan alternativas (es decir, elecciones competitivas reales) y donde los representantes y altas autoridades roten. Hasta Carlos Marx se horrorizaría al ver a la Cuba de hoy y se uniría al pueblo cubano, pues para él la Comuna

de París tuvo el único modelo electoral, donde los elegidos son “servidores revocables en cualquier momento por sus electores”. Revolucionario es aquel que denuncia la plusvalía del gobierno castrista, el estado de abandono en el que se encuentra el sector salud, pues los médicos son “alquilados” por el gobierno comunista a países extranjeros. Revolucionario es el que quiere cambiar el declive de la calidad educativa en Cuba, donde el gobierno cubano obliga a los niños-adolescentes a enseñar en los colegios, pues los maestros jubilados no quieren regresar por míseros salarios, y donde la “Ch” se aprende con Che Guevara (aquel que firmaba algunas de sus cartas con el alias de Stalin II).

Y contrarrevolucionario es el gobierno castrista-socialista-comunista, que se opone a estos cambios que aspira el pueblo cubano. Y es contrarrevolucionario porque responde con violencia preventiva frente a los reclamos pacíficos de hombres y mujeres, organizados o no. En Cuba, se condena a los que piensan distinto al régimen con la figura delictiva de “peligrosidad social” conceptualizada como la inclinación o tendencia que tiene una persona para cometer delitos. Es decir, es una figura pre delictiva, un “te castigo antes que cometas el delito que estoy seguro cometerás tarde o temprano”. En la práctica, se le aplica a las voces críticas al régimen, a los disidentes, a los verdaderos periodistas que quieren ejercer su noble profesión con libertad de opinión y objetividad. Es decir, el régimen castrista-socialista-comunista usa desde mucho tiempo atrás una figura que no tiene nada de diferente con la famosa “guerra preventiva” del gobierno de George Walker Bush. Lo peor de todo, es que los condenados por este delito son sometidos a medidas reeducativas y “terapéuticas” ¿Y así tienen estos dirigentes conservadores-comunistas-contrarrevolucionarios el descaro de denunciar la “guerra preventiva” y “Guantánamo”?

Contrarrevolucionario es este régimen enquistado en el poder desde 1959 que encarcela y fusila a disidentes, que emplea la violencia y viola derechos humanos fundamentales.

La Primavera Negra del año 2003 hace referencia a un gran accionar represivo del gobierno castrista contra opositores cubanos, sindicalistas independientes (¿cómo pueden haber líderes sindicales admiradores de Castro en este planeta?), defensores de derechos humanos, bibliotecarios, periodistas independientes; todos ellos personas que pacíficamente expresaban su desacuerdo con el régimen y que buscaban reformas y apoyaban el proyecto Varela (proyecto de ley hecho por el propio pueblo cubano que busca que sea la misma población la que decida realizar o no los cambios que el país requiere). Luego de juicios sumarios, 75 de ellos fueron castigados con penas privativas de libertad que llegaban hasta los treinta años. Según Amnistía Internacional, para el año 2008 “62 presos de conciencia seguían en prisión, y disidentes políticos, periodistas independientes y activistas de derechos humanos continuaron sufriendo hostigamiento, intimidación y reclusión”.

Y lo execrable: “Unas 40 personas seguían condenadas a muerte”. Por pensar distinto, por ser demócratas, por querer libertades para su pueblo, por desear mejorías para sus compatriotas, por ser verdaderos revolucionarios. La frase de Robespierre acerca de lo que es la revolución, pareciera que estuviera dirigida (después de más de doscientos años) a los verdaderos revolucionarios de la Cuba de hoy: “La revolución no es más que el paso del reino del delito al reino de la justicia”.







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