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miércoles 11 de noviembre de 2009

Padre Ignacio Moreta S.J. | El cura de los leprosos


Buscando banderitas de Guayaquil como ícono en la web para mi blog, me encontré con una imagen en donde estaba el típico muñequito (ardilla) del Colegio Javier al lado de nuestra bandera, vaya al fin el Javier se modernizó -me dije entre mi-, ¿se habrán acabado las épocas donde el leccionario de clases tenía unos tornillos y tuercas para sostenerlo sobre una tabla con huecos?, revisé...


Si, efectivamente es la página del Colegio Javier, increible -pensé-, ¡vaya... al fin!, los Jesuitas por fin dejaron a un lado la filosofía Tomista, la epistemología, los concilios Vaticanos y las discuciones teológicas para llegar a la era informática moderna, ¡ojalá se modernicen del todo y jubilen por fin a aquel insoportable profesor de matemáticas que exige tres cuadernos (borrador, limpio y deberes) y que desgraciadamente aun da clases!.

Todo iba bien hasta que me encontré con una noticia que tocó algo mío por dentro: "Ignacio Moreta regresó al cielo". Nunca lo hubiese creido, nunca me lo imaginé, han pasado pocos días de su partida ocurrida el 23 de octubre del presente año, a decir verdad casi no tengo contactos con mis ex compañeros del colegio por lo tanto no tenía forma de enterarme, hubiera preferido no saberlo nunca y eso hubiese ocurrido tranquilamente porque al buscar encuentro tan poquitos links en la web sobre el habiendo hecho tanto por todos nosotros en la vida real, bien por el que regresó a su hogar, mal por nosotros por que nos deja aquí sin su compañia y respaldo.

Fué de los pocos curas que verdaderamente han merecido mi respeto y total admiración (el que más seguramente, hoy quizá ya no existe un solo cura vivo al cual yo admire), de los pocos que merecieron mi saludo y aprecio, encontré un video sobre el vía Youtube en su memoria:





El cura de los leprosos, dedicó gran parte de su vida a tratar personas con enfermedades terminales en un leprocomio en su natal Filipinas, sin importarle su propia vida ni los riesgos que corria, se entregó enteramente a su vocación casi de forma suicida, aquí en Guayaquil dedicó lo que le quedó de existencia a ayudar a los chamberos (gente que come basura), fue un sacerdote admirable, uno de los pocos en el mundo que participó en exorcismos y que tenía licencia para exorcisar según contaban las leyendas en mis épocas estudiantiles, fue un padre genial, como pocos, diferente, único, especial...

Recuerdo sus charlas, recuerdo como nos enseñó y motivó a realizar los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola en los retiros espirituales, recuerdo como le brillaban los ojos cuando hablaba de ese par de bribones: San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, el uno fue un formidable y valiente guerrero el otro un formidable y astuto embustero, la guerra y la astucia juntas para levantar y reconstruir al mundo, reía cuando contaba sobre las aventuras de ese par de terribles, los mejores amigos, los mejores aliados, como si los hubiese conocido, como si hubiesen compartido toda una vida juntos.


San Ignacio de Loyola:


"Un corazón tan grande y un alma tan noble no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que dura eternamente".
Los franceses no abusaron de la victoria y enviaron al herido en una litera al castillo de Loyola (su hogar). Como los huesos de la pierna soldaron mal, los médicos consideraron necesario quebrarlos nuevamente. Iñigo se decidió a favor de la operación y la soportó estoicamente ya que anhelaba regresar a sus anteriores andanzas a todo costo. Pero, como consecuencia, tuvo un fuerte ataque de fiebre con tales complicaciones que los médicos pensaron que el enfermo moriría antes del amanecer de la fiesta de San Pedro y San Pablo. Sin embargo empezó a mejorar, aunque la convalecencia duró varios meses. No obstante la operación de la rodilla rota presentaba todavía una deformidad. Iñigo insistió en que los cirujanos cortasen la protuberancia y, pese a éstos le advirtieron que la operación sería muy dolorosa, no quiso que le atasen ni le sostuviesen y soportó la despiadada carnicería sin una queja. Para evitar que la pierna derecha se acortase demasiado, Iñigo permaneció varios días con ella estirada mediante unas pesas. Con tales métodos, nada tiene de extraño que haya quedado cojo para el resto de su vida.

Con el objeto de distraerse durante la convalecencia, Iñigo pidió algunos libros de caballería (aventuras de caballeros en la guerra), a los que siempre había sido muy afecto. Pero lo único que se encontró en el castillo de Loyola fue una historia de Cristo y un volumen de vidas de santos. Iñigo los comenzó a leer para pasar el tiempo, pero poco a poco empezó a interesarse tanto que pasaba días enteros dedicado a la lectura. Y se decía: "Si esos hombres estaban hechos del mismo barro que yo, bien yo puedo hacer lo que ellos hicieron".



San Francisco Javier:


"Basta Señor: si me mandas tantos consuelos me vas a hacer morir de amor".
Nada podía desanimar a Francisco. "Si no encuentro una barca- dijo en una ocasión- iré nadando". Al ver la apatía de los cristianos ante la necesidad de evangelizar comentó: "Si en esas islas hubiera minas de oro, los cristianos se precipitarían allá. Pero no hay sino almas para salvar". Deseaba contagiar a todos con su celo evangelizador.

San Javier dispuso irse a misionar al Japón pero resultó que allá lo despreciaban porque vestía muy pobremente (y en cambio en la India lo veneraban por vestir como los pobres del pueblo). Entonces se dio cuenta de que en Japón era necesario vestir con cierta elegancia. Se vistió de embajador (y en realidad el rey de Portugal le había conferido el título de embajador) y así con toda la pompa y elegancia, acompañado de un buen grupo de servidores muy elegantes y con hermosos regalos se presentó ante el primer mandatario. Al verlo así, lo recibieron muy bien y le dieron permiso para evangelizar. Logró convertir bastantes japoneses, y se quedó maravillado de la buena voluntad de esas gentes.


Recuerdo su jovialidad y alegría, sus oraciones y como ayudaba tal cual un sacristan cualquiera en las liturgias, sin oficiar misa, sin dirigir nada, solo siendo uno mas, uno mas que ayuda y construye, uno mas que solo está allí listo para actuar cuando se lo necesite.

Recuerdo como oraba y el amor por su madre Dolorosa, su devoción y su pasión por ella...


Trabajó por los chamberos, que reciclaban y vivían en el antiguo botadero Las Iguanas, hasta conseguirles un hogar en la comunidad San Ignacio de Loyola con servicios básicos.


Pero los chamberos no solo tuvieron un sitio digno donde vivir, sino que aprendieron a ser recicladores agrupados en la Asociación Jesús Divino Reciclador, y hoy cuentan con un trabajo bien remunerado.


Cuando María Lourdes Arteaga trabajaba en la chamba (botadero), “cada uno miraba para su lado. Llegaba el carro de basura y todos se peleaban por llevarse primero las cosas”. Pero, nueve años después, “aprendí a vivir en comunidad, a compartir las cosas”.


Ignacio María de Moreta y Centenera


SACERDOTE.- Nació el 24 de Julio de l.929 en Manila, capital de las islas Filipinas y fue el décimo primer hijo legítimo de Emilio Maria de Moreta, natural de Guam, y de Maria Paz Centenera, filipina, ambos de origen español.

La familia se compuso de quince hijos de los cuales uno falleció accidentalmente en el Colegio cuando era niño. Muy cristianos, de misa y rosario diario, vivían en Manila. El padre era activista de la Conferencia de San Vicente de Paúl, una vez a la semana repartía víveres a los pobres y en l.920 había fundado la Adoración Nocturna Filipina. Con tal ejemplo no es de extrañar que siete de sus hijos (cinco varones y dos mujeres) abrazaran la vida religiosa.

El joven Ignacio sintió a los catorce años el llamado a la vocación mientras paseaba por la azotea de su casa a la hora de la siesta y desde entonces no dudó en su futuro. El 41 estudió seis meses en un Colegio jesuita, iba a misa todos los días y cuando podía hacía de monaguillo, pero pronto su familia comenzó a dispersarse. Su hermano Angel ya estaba en el Noviciado de Loyola, después le seguirían dos más que habían partido en l.936 a España, a fin de unirse a las tropas franquistas.

El 7 de Diciembre Japón declaró la guerra a los Estados Unidos y dos días después desembarcaron las tropas japonesas en nueve puntos de las Filipinas. Pronto comenzó la pobreza, su familia tuvo que dedicarse a vender comidas preparadas pero como se acababan los víveres, la población empezó a sembrar y a fabricar para autoabastecerse. Más tarde aparecieron las guerrillas en todo el país, se dejó de sembrar y se acabó el ganado, la miseria se enseñoreó en todos los hogares. La gente moría en las calles, unos por enfermedad y otros por desnutrición.

El 44 comenzaron los bombardeos masivos, su padre empezó a vender las tierras y hasta los muebles de su oficina para poder alimentar a los suyos. Finalmente el ejército americano rodeó Manila, se incendió la casa de los Moreta y estos tuvieron que refugiarse en una pileta del jardín, donde permanecieron varias horas viendo como se quemaba la casa de madera.

Entonces decidieron fugar hacia el lado americano, el 11 de Febrero del 45 sufrió una herida de bala en la cabeza, felizmente sin consecuencias graves, pues el proyectil solo le rozó la frente. De allí en adelante vivieron en diferentes refugios. El día 18 se acogieron al edificio de la Parroquia, donde pudieron gozar de ciertas comodidades tras varios meses de graves penurias. Finalmente terminaron alojados en una iglesia parcialmente destruida, donde esperaron para trasladarse a España

En Junio estaban en Barcelona, días más tarde pasaron a Yunqueras de Henares, un pueblo cercano a Guadalajara, donde había nacido su abuelo materno. Fueron días de alegría, sus parientes les recibieron con los brazos abiertos, pero Ignacio sentía que esa vida no era para él, por eso se unió a un campamento ambulante de Pax Romana y recorrió con ellos el Escorial, Segovia y toda Guipúzcoa en un mes. De regreso solo pensó en hacerse jesuita y el 8 de Agosto se dirigió con su hermano Luis a Loyola, donde hizo los votos dos años después. De allí en adelante estudió para jesuita muchos años.

En Diciembre del 61 solicitó al Papa Juan XXIII un permiso especial para ordenarse sacerdote antes de la fecha que le correspondía porque quería celebrar la extremaunción a su padre, quien estaba muy enfermo y falleció después de sufrir con resignación varios infartos. Enseguida se trasladó a terminar sus estudios de teología en Florencia pues los había iniciado en Oña. El 63 vivió en Los Teques, Venezuela, el 64 se cumplieron sus deseos y fue enviado a la leprosería de la isla de Culión en Filipinas, donde se mantuvo doce años, que fueron de duras pruebas pues todo estaba por hacerse, tanto en el Colegio para 900 alumnos como en la parroquia, donde llegó a conocer el amor en el sufrimiento y aprendió a ser más humano y menos legalista. Para colmos, en l.970 la isla fue arrasada por un tifón que sembró la muerte y destrucción masiva. No quedaron árboles ni casas, pero en Manila se formó un Comité de ayuda y la isla renació de entre las ruinas. El 76, presa del strees, fue trasladado a Venezuela, donde llegó en estado lamentable, sin fuerzas ni voluntad para nada, pero tras un descanso reparador reinició sus labores pedagógicas y todo volvió a la normalidad.

El 78 realizó un corto viaje a las Filipinas para despedirse de su madre que había enfermado de gravedad y estaba desahuciada por los médicos, oportunidad propicia para ver a sus hermanos. Nuevamente en Cumaná, se enteró que la Compañía de Jesús requería voluntarios para el Ecuador y se ofreció.

En Enero del 80 arribó a Manta donde pasó tres años y medio. De Manta fue destinado a la residencia San José en Guayaquil y pronto se involucró en la renovación carismática, en la parroquia San Ignacio del cerro de Mapasingue y en la parroquia de Milagro. El 84, por ayudar al Padre Durana, S. J. que estaba muy cansado, se hizo cargo del programa de Fe y Alegría y pudo conocer la pobreza de los suburbios. El 86 le pasaron al Colegio Javier por estar más cerca de su parroquia en Mapasingue, pero allí le sucedió algo curioso pues sin querer descubrió el mundo de los chamberos, en el botadero municipal de basura.

Esta gente vive recogiendo desperdicios para vender a terceras personas. En otras palabras, reciclan cartones, botellas de vidrio y envases de plástico, en medio de la podredumbre más espantosa. Con ellos organizó tres veces la comercialización, no sin superar pruebas y trabajos, pues los propios chamberos eran renuentes al cambio, sin embargo, a través de la “Asociación Jesús Divino reciclador” hoy en día les ha cambiado la vida. La Asociación tiene varios Camiones y una bodega para guardar el material, se les dá cupones diarios que luego cambian por dinero el fin de semana. En l.989 creó la “Fundación Asistencia Social Madre Dolorosa” que con la ayuda de egresados del Colegio Javier viene realizando una gran labor social, pero no todo ha sido agua de rosas pues ha tenido que superar numerosos tropiezos, mas es fiel a su frase preferida “Gastarme y desgastarme por ellos, aunque por amarles más sea amado menos.

En l.992 regresó a las Filipinas, visitó la leprosería y le recibieron como a Presidente de la República (sic.) Actualmente sigue en Guayaquil trabajando por los más desprotegidos.

Como dato anecdótico y quizá hasta folklórico, cabe mencionar que estando en Guayaquil le dio por interesarse en los exorcismos y hasta le tocó conocer a numerosos feligreses de ambos sexos que presentaban conductas inusuales y creyendo que eran casos de posesión del demonio obtuvo un permiso especial de la Curia ( por ser un presbítero piadoso, docto, prudente y con integridad de vida ) para intervenir en varios casos, siempre exitosamente según lo indica, aunque a decir de los psiquiatras se trata de sujetos con perturbaciones de personalidad y como no se ha completado un seguimiento a dichos enfermos, se ignora si mejoraron o continúan dizque endemoniados.

Tanto esfuerzo le cansó mucho al punto que en Noviembre del 2.005 exorcizó por última ocasión pues no resistió tal esfuerzo, sufriendo una operación de corazón abierto que le mantuvo varios meses en estado delicado. Desde entonces abandonó los exorcismos.

Alto, delgado, de físico aparentemente frágil, ojos claros, pelo escaso y plateado, querido y respetado por todos quienes tienen la suerte de conocerle y tratarle. Incansable en todo, ejemplo de superación para cualquier sacerdote. Su carácter afable y risueño le hace propicio para la confianza, sabe motivar a sus feligreses y devuelve con obras todo el amor que atesora por el prójimo.


Su obra


En 1988, el “cura amigo”, como era conocido cariñosamente, creó la fundación Madre Dolorosa, para trabajar en favor de los niños de escasos recursos en las áreas de educación y salud. Uno de los proyectos más importantes de la fundación es el que se desarrolla en el barrio San Ignacio de Loyola, en el mismo lugar donde antes funcionaba el botadero municipal y en el cual se ha levantado una comunidad en base a las mingas barriales.

La colecta anual que realiza esta organización es una de las principales fuentes de financiamiento de los servicios que presta esta entidad, especialmente a los niños que reciben educación de calidad y colación escolar en estos barrios del norte de Guayaquil.


En el Fortín


En el populoso sector El Fortín, al ver que la ciudad crecía hacia estos lados, el padre compró 4 hectáreas de terrenos, a un costado de la Perimetral. “Esto era puro monte”, recuerda Tatiana de Zenck, voluntaria de la fundación, pero con la ayuda de un arquitecto y el trabajo comunitario de los beneficiados, el barrio fue ganándole a la espesura.

El presente se muestra diferente en ese lugar donde ahora hay un dispensario médico, escuela y colegio; iglesia, guardería y comedor comunitario. El número de beneficiados se multiplica en la escuela San Ignacio de Loyola, donde estudian alrededor de 900 menores, que además reciben alimentación.


Padre Moreta, el guía espiritual


Desde 1980, año en el que llegó a Manta como voluntario, el padre Ignacio María de Moreta y Centenera ha volcado a su paso toda su energía en ayudar a los más desfavorecidos.

Fueron tres años y medio después que este religioso de origen filipino fue enviado a Guayaquil, donde dirigió las escuelas de Fe y Alegría.

“Al Colegio Javier llegué en 1986. Por ese tiempo conocí La Chamba (botadero municipal), donde niños y adultos, vivían entre montañas de desperdicios; recogían plástico, papel, cartón, botellas, chatarra, para reciclar. Las drogas, la promiscuidad... era lo normal. Había gente fugada de la cárcel... Había que hacer algo”, recuerda.

“Con un grupo llevamos agua potable, guineos, médicos y medicinas. Celebrábamos misa. Luego, el Municipio ordenó cerrar las chambas, donde vivían y trabajaban”.

Por entonces, la Fundación Madre Dolorosa estaba en nacimiento por iniciativa del rector del Colegio Javier y de este jesuita, quien las involucró en el rescate de los chamberos.

Hoy, la comunidad de San Ignacio, donde se reubicó a los chamberos, es uno de los frutos de la fundación y su guía.



El padre que fue el exorcista oficial de Guayaquil
Entrevista realizada en el 2006


En los últimos dos años se han presentado en Guayaquil cerca de 20 casos de posesión, según refiere una fuente de la Arquidiócesis de Guayaquil. De estos, en dos se aduce que el diablo tomó posesión y obró desde los cuerpos de estas personas. En el resto, quienes moraban eran demonios, aquellos espíritus malignos o secuaces de Satanás a los que la Biblia también menciona.

En todos esos casos hubo alguien que estuvo ahí para hacerle contrapeso: Ignacio María de Moreta y Centenera. Este sacerdote filipino, residente en Guayaquil desde hace 25 años, tiene un físico frágil, pero a su edad -76 años- fue capaz, cada vez que se presentó la oportunidad, de mostrar una férrea lucha ante el diablo.

“Te mando a ti, cualquiera que seas espíritu inmundo, dejes a esta alma libre”. Con aquellas palabras -que se acercan más a una orden que a una oración- iniciaba el ritual con el que intentó muchas veces sacar al diablo del cuerpo de alguien.

“No es fácil echar demonios, uno se enfrenta con seres que pueden morar en delicadas adolescentes, pero que rugen, bufan, se revuelven y agitan sus cuerpos como un resorte. Por lo común, tienen la fuerza de 10 personas juntas. Ya no estoy para esas contiendas”, dice este padre, el número once de quince hermanos, cinco de los cuales son sacerdotes jesuitas y dos monjas, y quien en diciembre de 1960 pidió permiso al Papa Juan XXIII que lo ordenarse sacerdote antes de la fecha que le correspondía. Deseaba celebrar la extrema unción a su padre.

Para corroborar lo que afirma -no estar para esas lides- se estira un poco el cuello de la camiseta que lleva puesta y muestra un cierre de 15 centímetros de largo de una cirugía de corazón abierto. La cicatriz le baja desde el cuello hasta muy cerca de la boca del estómago.

“En noviembre pasado atendí el último caso. Como buen cristiano agradezco a Dios por cada día que me da para que siga obrando en su nombre, pero ya he entregado el cargo. Será otro el que se ocupe de estas cosas”.

Oficialmente no se conocen cuántos otros sacerdotes tienen nombramientos de la Iglesia Católica en el Ecuador, lo que sí se sabe es que para echar demonios no vale cualquier cura. El Código de Derecho Canónico determina que ‘el ordinario del lugar concederá esta licencia solamente a un presbítero piadoso, docto, prudente y con integridad de vida’.

“El diablo es mentiroso, pero si no se lleva un sacerdocio recto, el momento que lo enfrentes es capaz de recordártelo y perder la pelea”, dice el padre Moreta.

En un siglo donde son más los milagros tecnológicos ¿cómo es posible creer en la existencia del diablo? A esta interrogante el sacerdote responde: “los seres humanos se han alejado más de Dios. Se practica fácilmente la brujería, la adivinación y el espiritismo. La Biblia nos los recuerda”.

Según este sacerdote, en el Antiguo Testamento aparece 18 veces la palabra Satán. En el Nuevo Testamento se menciona al diablo 35 veces y 21 la palabra demonio.

La función, la de botar demonios, que cumplió hasta hace poco el padre Moreta no solo está de moda en la pantalla de los cines. En el 2000 las empresas cinematográficas le agregaron once minutos de escenas que no se habían visto en la emisión de 1973 a la película El Exorcista. El año pasado el director Scott Derrickson proyectó en los cines El exorcismo de Emily Rose.

Sin embargo, más allá de la truculencia del cine, los cuerpos poseídos y los exorcistas tienen espacio en la realidad del nuevo milenio.

En Italia, además de que hay 400 exorcistas oficialmente reconocidos -en España son dos- comenzó a funcionar el año pasado un curso universitario sobre el satanismo, la posesión demoníaca y el exorcismo. Asisten 120 sacerdotes y seminaristas. En México, entre el 22 y el 25 de agosto pasado, se desarrolló el Segundo Encuentro Nacional de Exorcistas y Auxiliares de la Liberación. Tuvo representantes de todo el mundo.

Tanto allá como acá, el demonio es el mismo. El padre Moreta no cree -no ha visto- que los cuerpos leviten o que la cabeza de un poseído dé un giro de 180 grados. Sin embargo, sí ha observado cómo los rostros se desfiguran, los muebles se humedecen tanto que hasta de ellos rezuma agua, o que las cortinas blancas se tornen grises de un momento a otro. Lo más común es el vómito, los gritos y las contorsiones.

“No es la misma persona que los vecinos o parientes conocen con la que uno se enfrenta. Es otro ser. Alguien que desea hacer daño”, dice este padre, quien recuerda que en uno de los casos de posesión que le tocó enfrentar, aquel ser que moraba dentro de un estudiante universitario -cuyo máximo pecado había sido experimentar con una tabla ouija- le increpaba el porqué le pedía que salga: “él me entregó el alma, me pertenece a mí y me lo voy a llevar”.

Donde los sacerdotes ven demonios, psicólogos y psiquiatras miran esquizofrenia, psicosis o epilepsia. Jorge Torres, psicólogo guayaquileño, quien realizó estudios sobre los rituales de santería en Cuba y publicó un libro acerca de este tema, refuta el trabajo de los exorcistas: “eso es terreno de la psicopatología. Considero que hay personas de carácter muy frágil que son fácilmente sugestionadas por este tipo de cosas”.

A ese tipo de posiciones, el padre Moreta, quien sobrevivió a la invasión japonesa en Filipinas y luego, en 1944, al ataque norteamericano contra los asiáticos, responde con una sentencia que no permite réplicas: “ya quisiera enviarle a aquellos que no creen en el diablo las cosas que me tocó enfrentar. Les aseguro que nada es igual luego del brutal encuentro con Satanás”.


Ignacio María de Moreta y Centenera

¡BUEN VIAJE AMIGO!
"Encontrar un buen amigo es como encontrarse un gran tesoro".



Actualización: acabo de crear la página en Wikipedia dedicada al Padre Moreta en wikipedia, por favor ayudar a actualizarla.. (Ignacio Moreta)


Fuentes:

El Universo | Ignacio Moreta, el sacerdote de los chamberos, falleció ayer

Extra | ¡El padre Moreta regresó al cielo!

Diario Hoy | Ejemplo de amor en el sufrimiento

Fasmad | Condecoración

Explored | ECUADOR UNA POTENCIA NATURAL

Manicominos del 5wk | El padre que fue el exorcista oficial de Guayaquil

Expreso | La Fundación Madre Dolorosa beneficia a miles de personas

El Universo | Ma. Lourdes Arteaga, voluntaria que recicló su vida para servir a otros

El Universo | Congreso entregó presea al jesuita Ignacio Moreta

Diccionario biográfico Excuador | IGNACIO DE MORETA Y CENTENERA

Rememori | Ignacio Moreta

Corazones | Vida de San Ignacio de Loyola

Corazones | San Francisco Javier

EWTN | San Francisco Javier

San Francisco Javier | Cualidades Humanas de San Francisco Javier

Wikipedia | Ignacio de Loyola

Wikipedia | Francisco Javier


Van 2 importantes comentarios en este post:

Rodrigo Caballero dijo...

El Padre Ignacio Moreta un verdadero santo. Mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de vivir la maravillosa experiencia de tenerlo como nuestro guia espiritual, el fue nuestro sacerdote guia de nuestro grupo de parejas ENS (Equipos de Nuestra Señora). Cuando uno estaba cerca de el, uno podia sentir que era una alma completamente pura. Sus mensajes siempre iban directo al corazon. El titulo del diario Extra es verdad "El Padre Moreta regreso al Cielo". El fue un angel entre nosotros.

Guillermo Toledo dijo...

Creo que todos tenemos mucho que agradecerle al Padre Moreta.

Quería compartirles que el día de su muerte como a las 8H00, mientras estabamos en la misa con mi esposa y el padre que oficiaba indicó que libremente podíamos hacer peticiones, no pude expresar lo que sentía, pero en ese breve momento le di gracias a Dios por el regalo mas grande que le hizo a mi vida el Padre Moreta.

Saben, el fue el director espiritual de mi esposa, la formó desde que era una jovencita y le transmitió muchos de sus pensamientos, mi esposa fue casi una hija adoptiva del Padre pues fue el padre de la vida espiritual de mi querida esposa. Gracias a esto, un día nos conocimos, el Padre casi que fue cómplice del SI que me dio mi esposa ante mi propuesta de matrimonio, ofició nuestra misa, etc. y nos ha bendecido muchas veces.

Ante todos ustedes le doy gracias a Dios por el Padre Moreta, instrumento fiel de nuestro Señor en la consecución de la felicidad de mi familia.

Como me dijo mi esposa aquella mañana, "hoy tenemos un ángel en el cielo para que nos siga bendiciendo".

Recemos por el, que seguro el estará haciendo lo mismo por nosotros.

Atención: Esto no es un diario online ni un medio de comunicación oficial, es un blog personal de mi exclusiva propiedad tanto como mis pensamientos y mis palabras, aquí escribo lo que se me antoja sin ninguna visión ni misión social, este blog posee una orientación libertaria y su principal objetivo, aparte de servirme de desfogue, es promover abiertamente el anarcocapitalismo y el individualismo extremo y su meta final es exterminar la ignorancia, la estupidez y el socialismo. Que quede bien claro que no soy comunicador social y no estoy obligado a ser imparcial, mi orientación política es de derechas y los escritos aquí presentados serán siempre políticamente muy sesgados, la veracidad de los artículos de este blog depende de sus fuentes, revísalas siempre y da fe de su contenido.

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