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domingo 3 de enero de 2010

Entrevista de Guayaquil


La primera llegada de Bolívar a Guayaquil se produjo el 11 de julio de 1822. La tradicional cortesía y generosidad guayaquileña hizo que sea recibido con grandes muestras de júbilo: no se recibía al “Libertador”, puesto que Guayaquil se había independizado dos años antes y sin su ayuda; se recibía simplemente a un gran hombre de América.

Durante casi una hora y acompañado por los tres miembros de la Junta de Gobierno, cabildantes y personas notables de la ciudad, Bolívar caminó en medio de la algarabía de la multitud entre los aplausos y el tremolar de las banderas de Colombia y Guayaquil. Durante su recorrido disfrutó de la alegría de un pueblo que desde siempre ha sido expresivo, pero no escapó a su atenta mirada que las opiniones y posiciones políticas estaban claramente definidas.

Guayaquil era entonces la ciudad más importante de la costa sudamericana del Pacífico, no solo por su importancia estratégica, sino por el fervoroso patriotismo de sus hijos quienes, sin el apoyo de fuerzas militares ni intervención extraña, habían proclamado y logrado su independencia gracias a la Revolución del 9 de Octubre de 1820, abriendo de esta manera las puertas de la libertad no sólo a todos los pueblos de Quito, sino también a otros de América Hispana.

Sabía también que ella representaba la esencia de la libertad y que, así como su participación había sido determinante para dar la libertad a Quito y consolidar la independencia de Colombia, de ella dependía también -en gran parte- la libertad del Perú. Por eso, generosa como era, aclamó a Bolívar con expresivos gritos de “Viva Colombia... Viva el Libertador” y “Viva Bolívar... Viva el Perú”, expresando de esa manera su deseo de compartir con ellas la libertad obtenida y su condición de República soberana.

Pero Guayaquil no deseaba ser anexada: deseaba mantener su autonomía e independencia; y esto se lo confirmó un grupo de bellas señoritas vestidas de celeste y blanco que, desde sus balcones y veredas, y secundadas por la gran mayoría del pueblo, expresaron con voz emocionada: “Viva Guayaquil Independiente”.

Y no podía ser de otra manera. “El pueblo de Guayaquil había declarado su independencia sin la intervención de otros pueblos. Libre por sí mismo, por nadie libertado, tenía perfecto derecho para darse un gobierno propio o por escoger la nacionalidad que más le conviniese. Recibió auxilio y armas del Perú y soldados de Colombia para sostener su independencia, pero a cambio, agotó sus recursos pecuniarios y dio su contingente de tropas para libertar las provincias de Quito en cuatro campañas sucesivas. Los colombianos no figuran solos en la batalla del Pichincha que terminó la guerra. Atenidos a ellos solos no habrían podido librar esa memorable batalla, a la cual concurrieron dos batallones peruanos, un escuadrón argentino y un batallón de guayaquileños” (Dr. Aguirre Abad.- Bosquejo Histórico de la República del Ecuador, p. 198).

Ante la complejidad de esta situación y ensoberbecido en su megalómana ambición de grandeza -frustrada ante un pueblo que logró ser libre sin su participación y que por el contrario, le había abierto sus puertas para que puede continuar sus campañas-, Bolívar se negó a aceptar la existencia de un estado soberano que pudiera ensombrecer su grandeza. Y dos días más tarde, respaldado por el fuerte contingente militar que lo acompañaba, arrió la bandera de Guayaquil, izó el tricolor colombiano, desconoció al gobierno presidido por Olmedo, se proclamó Jefe Supremo y decretó la anexión de Guayaquil a Colombia.

Así, de manera artera, Bolívar ocupó y tomó por la fuerza la ciudad capital de la Provincia Libre de Guayaquil, poniendo fin a un año y nueve meses en los que esta había permanecido libre e independiente y soberana.

“Papel mojado fue para Bolívar el Acta de Independencia de Guayaquil, no le importó la libre determinación de la provincia, nada dijo el derecho de gobierno de los pueblos al lector de Montesquieu y de Rousseau, no franqueó sino que rompió las puertas de la ciudad: ¡”Alea jacta est”, hemos hecho la historia! (J. I. Cazorla.- Olmedo y su Tiempo, p. 73).

La prepotente y abusiva actitud de Bolívar puso fin a la natural alegría de la ciudad, y acalló los gritos y convulsiones que expresaban sus diferentes voluntades e ideologías. Inmediatamente el tricolor de Colombia fue izado en el muelle, se disolvió la Junta de Gobierno de Guayaquil, y sus miembros, inconformes, tuvieron que abandonar el país.

Ante estos hechos, los guayaquileños, indignados, escribieron en los muros y paredes de la ciudad:

“Aquí tremoló la intriga... Un tricolor sostenido por la fuerza, con mengua de los derechos del pueblo guayaquileño”.


El 25 llegó San Martín en la nave Macedonia, y al conocer que Bolívar había tomado posesión de la ciudad, se detuvo en Puná posiblemente con el propósito de no entrar en Guayaquil y dar vuelta atrás; pero Bolívar -que si bien es cierto no era un gran militar, sí era un extraordinario político-, comprendiendo que no podía desatender a tan ilustre viajero le envió una carta invitación en la que le decía: “Tan sensible me será el que usted no venga hasta esta ciudad, como si fuésemos vencidos en muchas batallas; pero no, usted no dejará burlada la ansia que tengo, de estrechar en el suelo de Colombia, al primer amigo de mi corazón y de mi patria”.

San Martín comprendió el sentido de la frase pero no pudo rechazar la amable invitación de Bolívar, y desembarcó en la ciudad reconociendo y aceptando “...que nada tenía que decirle sobre los negocios de Guayaquil; en los que no tenía que mezclarse”.

Con el asunto de Guayaquil resuelto, entre el 26 y el 27 de julio los dos libertadores trataron importantes asuntos relacionados con las luchas por la independencia americana. Uno de los temas principales fue la solicitud que San Martín le hizo a Bolívar pidiéndole que sea él quien termine la independencia del Perú, pues ya no tenía ni hombres, ni armas, ni dinero; San Martín le indicó también a Bolívar que estaba “...decidido a servir bajo sus órdenes para terminar pronto la guerra de la independencia...”, pero -ya sea por delicadeza o por no querer compartir las glorias de la independencia- esta propuesta fue rechazada por Bolívar que se negó a someter bajo su mando a uno de los más grandes generales de América.

Hablaron también de la definición de la forma de gobierno que convenía a los nuevos estados, el proyecto de la Federación de los Andes -planteado por Bolívar y que San Martín aprobó muy cortésmente-, la necesidad de fijar los límites entre Colombia y Perú (ahí comenzaron los problemas territoriales de nuestra patria y las primeras mutilaciones del territorio de Quito), y varios asuntos relacionados con la política general hispanoamericana.

En la noche del 27, luego de las entrevistas, Bolívar agasajó a San Martín con un gran banquete que ce celebró en la “Casa de las Cien Ventanas” (en la calle Villamil), y juntos concurrieron al baile que en honor de aquel ofreció el Cabildo de Guayaquil. A la una de la mañana, aprovechando una escalera interior, San Martín abandonó discretamente el lugar sin ser visto por el resto de los concurrentes, y Bolívar lo acompañó hasta el muelle, donde se estrecharon las manos por última vez.









Van 3 importantes comentarios en este post:

Anónimo dijo...

esta pagina es una verrrga no la rrecomiendo por que lo que dice cuando buscas es que tiene cosas y luego no se encuentran. Leí todo y no encontre lo que buscaba

Anónimo dijo...

mmm buscaba algo mas corto...

Anónimo dijo...

mm buenoooo

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