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jueves, 16 de septiembre de 2010

Crisis de los rehenes en Irán | 4 de noviembre de 1979


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El inicio de las confrontaciones entre Estados Unidos y los extremistas Islámicos. La crisis de los rehenes en Irán, se desarrolló en un periodo de 444 días, durante el cual el nuevo gobierno surgido tras la revolución iraní, tomó como rehenes 66 diplomáticos y ciudadanos de los Estados Unidos de América (EE.UU.). La crisis empezó el 4 de noviembre de 1979 y duró hasta el 20 de enero de 1981.






Los años 70


Irán se encontraba a finales de la década de los 70 en un estado de convulsión política sin precedentes. La política del Sha Mohammad Reza Pahlevi se había ido tornando más autoritaria con el paso de los años, a pesar de que, a primera vista, suponían avances sociales. Así, la expropiación de los latifundios, el sufragio femenino y la marcada tendencia al laicismo de su gobierno, solo alcanza a una pequeña parte de la población. Igualmente su política económica provoca el enriquecimiento de unas pequeñas elites creando amplias bolsas de pobreza que son un caldo de cultivo perfecto para el movimiento chii liderado por Jomeini.

El acto que, posiblemente, acabó por soliviantar al pueblo iraní fue su fastuosa coronación como Emperador. Las imágenes de la ceremonia, con todos los lujos imaginables, acabó por deteriorar la imagen del monarca y la revolución se hizo inevitables.

Esta estalla en 1979 y Pahlevi debe exiliarse en el mes de Febrero. En Irán sube al poder el ayatolá Jomeini y comienza a aparecer un discurso claramente anti-estadounidense, basado sobre todo en el apoyo que había prestado este país al depuesto Sha.



Toma de la embajada


El 22 de octubre de 1979 el Sah Mohammad Reza Pahlevi, monarca de Irán, viajó a Nueva York para ser sometido a un tratamiento contra el cáncer. El 1 de noviembre el nuevo líder de Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini, lanzó a su pueblo a manifestarse contra intereses de Estados Unidos e Israel. El 4 de noviembre la embajada estadounidense fue rodeada por un grupo de alrededor de 500 estudiantes iraníes (aunque los números varían entre 300 y 2000) que se dieron a conocer como los Discípulos del Imán. Parte de este grupo islamista se juntó alrededor de la embajada a modo de protesta.

Durante el disturbio y con la confusión, seis personas escaparon y se ocultaron en el apartamento de uno de ellos antes de encontrar refugio en la embajada canadiense, donde les dieron pasaportes falsos, de modo que pudieran dejar la embajada canadiense sin ser identificados. Trece de los rehenes, concretamente las mujeres y los afroamericanos que había en el grupo, fueron liberados entre el 19 y 20 de noviembre, pero los 53 restantes siguieron como prisioneros, si bien un último rehén fue liberado debido a una enfermedad el 11 de julio de 1980.

A menudo, se mostraban los rehenes con los ojos vendados a la población local y a las cámaras de televisión. Los ciudadanos cautivos serían liberados únicamente a cambio de la extradición del Sah a Irán, para ser juzgado por "crímenes contra el pueblo iraní". También ha sido considerado un acto de venganza contra los años en los que Estados Unidos había apoyado la política autoritaria del Sah.

Jomeini era un fuerte antiestadounidense en su retórica, denunciando al gobierno estadounidense como "el Gran Satán" "y el enemigo del Islam". De hecho, la embajada ya había sido secuestrada brevemente una vez durante la revolución.











Reacción estadounidense


El presidente estadounidense, Jimmy Carter, inmediatamente aplicó presión económica y diplomática sobre Irán: las importaciones de petróleo de Irán se cortaron el 12 de noviembre, de 1979, algunos iraníes en EE.UU. fueron expulsados (aunque muchos de ellos no tenían ninguna relación con la crisis o con el nuevo gobierno iraní), y alrededor de 8 mil millones de dólares en activos iraníes en EE.UU. se congelaron el 14 de noviembre de 1979.

En febrero de 1980, el gobierno iraní hizo públicas sus demandas a cambio de la liberación de los rehenes. Exigían la vuelta del antiguo Sah a Irán, aparte de algunos gestos diplomáticos como el reconocimiendo de las acciones que EE.UU. había tomado en Irán (incluyendo el golpe de estado apoyado por EE.UU. contra el primer ministro Iraní en 1953) y la promesa de no volver a interferir en el futuro.

Carter rehusó ceder a las demandas. Jomeini utilizó la situación para consolidar su poder y anular los desafíos del ala moderada de su gobierno, encabezada por su presidente. La euforia por la humillación a la nación más poderosa distrajo al pueblo iraní de las dificultades económicas de su país. Carter, en abril de 1980, rompió relaciones diplomáticas con Irán e impuso un embargo comercial, exceptuando medicinas y alimentos. Los fondos iraníes en EE.UU. quedaban congelados y contabilizados para indemnizar a los rehenes al ser liberados y pagar las demandas de las empresas estadounidenses contra Irán. Un problema de relaciones internacionales se convirtió en un problema electoral. Su principal contrincante, el republicano Ronald Reagan, acusaba a Carter de “estar equivocado desde el principio”. Reagan declaró: "Los rehenes no debieron estar cautivos seis días, mucho menos seis meses."


Intento de rescate


En realidad, el 9 de noviembre de 1979, apenas cinco días después del secuestro del personal de la embajada, Carter ordenó a sus asesores pensar en opciones militares, entre ellas una misión de rescate. Diez días después, el informe estaba en su escritorio. Se propuso bombardear algunas instalaciones petrolíferas de Irán, bloquear el país por mar y llevar a cabo ataques aéreos. Pero, tras la invasión soviética de Afganistán en diciembre de 1979, la Administración no lo consideró oportuno, máxime, recordando que una de las razones que llevó al Ejército soviético a Afganistán fue el temor a una intervención directa de EE.UU. en Irán. Optaron por la opción con menos bajas colaterales. Autorizó a la unidad antiterrorista Luz Azul a planear y entrenarse para la misión. Quería agotar las posibilidades de una solución diplomática. Carter declaró el 8 de enero, en una conferencia de prensa, que descartaba cualquier intento de rescate porque "seguramente fracasaría... y los rehenes morirían". A petición de Carter, el presidente Omar Torrijos Herrera recibió a Pahlevi en Panamá el 15 de diciembre.

La información sobre la Embajada y sus captores aumentó gracias a las declaraciones de los 13 rehenes liberados en noviembre por los iraníes y por las noticias que suministraban los agentes encubiertos. Las autoridades estadounidenses recibieron varias ofertas. La unidad antiterrorista alemana GSG 9 se ofreció para situar agentes en un equipo de la TV alemana invitado a visitar la embajada. El SAS británico brindó su asistencia con información previa a la misión. Las dos ofertas fueron rechazadas.

El 11 de abril de 1980, Carter ordenó iniciar la misión de rescate. Involucraría las cuatro ramas del ejército: infantería, fuerza aérea, marina e infantes de marina.


Operación Garra de Águila


Carter aprobó una misión secreta de rescate, que resultó ser un fiasco: la operación Garra de Águila (Eagle Claw). Al mando del coronel Charlie Betwik de las fuerzas especiales.

Diseñó la operación en dos partes: Un grupo se dedicaría exclusivamente a rescatar los rehenes, mientras el otro realizaría ataques de distracción. Seis aviones de transporte C-130 Hércules despegarían de una base aérea egipcia, circunvalarían la península arábiga y aterrizarían en un punto del desierto iraní, cuyo nombre en clave era Desierto Uno, 400 km al suroeste de Teherán. Ahí se les unirían ocho helicópteros, procedentes del portaaviones Nimitz en el cercano golfo Pérsico, que llevarían a los comandos -una fuerza selecta de 90 voluntarios- a la capital, donde el aterrizaje y asalto se coordinarían con marines que llegarían en camiones camuflados con emblemas del ejército iraní. Los pesados vehículos derribarían las puertas del recinto. Tres helicópteros aterrizan en el edificio de la embajada, cubiertos por las ametralladoras de otros tres helicópteros que sobrevuelan el lugar. Noventa soldados de elite desembarcan y se unen a los escuadrones de marines en camiones. Vencen fácilmente a los guardias y liberan a los rehenes. Otro grupo saca tres rehenes que tienen separados en el cercano Ministerio del Interior iraní. Mientras los milicianos iraníes se disparan en medio de la confusión, el comando lleva a los rehenes a abordar los helicópteros. Los rehenes liberados y los comandos viajarían en los helicópteros a Desierto Uno, donde abordarían los aviones de transporte para volar hacia Egipto, a salvo. Tras reabastecerse en los C-130, los helicópteros regresarían al portaaviones, nada salió como se esperaba...

Esta operación, llamada Garra de Águila acabó siendo posiblemente la tumba política de Carter. El rescate diseñado, en el que participaría la aviación, con ataques de distracción, la marina, aportando portaaviones para que despegaran aviones de transporte, así como ocho helicópteros que llevarían al comando especializado que debía salvar a los rehenes y sacarlos de allí, no salió como se esperaba.

El 24 de abril, en una operación tan compleja que necesitó la autorización de varios países de la zona, comenzó el intento de rescate. Siendo suaves podemos afirmar que resultó absolutamente tragicómica.

Un total de 132 hombres formaban parte del equipo de rescate. Y enseguida empezaron los problemas. El avión que debía encargarse de desplegar un equipo de vigilancia en el desierto fue descubierto por un autobús de pasajeros, que fueron detenidos con la salvedad del conductor que logró escapar. Así se perdía el elemento sorpresa.

De los ocho helicópteros, que además fueron llegando con retraso sobre el horario previsto, tan solo llegaron seis, ya que dos se quedaron en el camino por distintas averías. Otro más, tuvo que abandonar la misión por problemas al repostar, lo que dejaba al equipo con solo cinco helicópteros, cuando el mínimo necesario para rescatar a todos los rehenes era de seis.

Carter decidió abortar la misión, pero los problemas no acabaron ahí. Otro helicóptero tuvo un accidente junto al avión cisterna que le daba combustible, provocando una gran explosión. Ocho de los soldados norteamericanos murieron y más aeronaves quedaron dañadas.

Los cuerpos tuvieron que ser abandonados, ya que soldados iraníes aparecieron en la posición. Sus cadáveres fueron mostrados en Teherán, durante las protestas callejeras que se produjeron y que fueron emitidas en directo hacia el mundo entero, con el consiguiente desprestigio de los Estados Unidos y la consolidación de Jomeini como un nuevo campeón en la lucha contra los que llamaban el Gran Satán.

Los rehenes, después de eso, fueron dispersados por toda la ciudad, para evitar otros posibles intentos de rescate y Carter, humillado, tuvo que aparecer ante los norteamericanos declarando su fracaso.


Resolución de la crisis


En 1980, la muerte del Sah (el 27 de julio) y la invasión de Irán por parte de Iraq en septiembre hizo a Irán más propenso a la resolución de la crisis de los rehenes.

En EE.UU., Carter perdió en noviembre de 1980 la reelección presidencial en beneficio de Ronald Reagan. La mayor parte de los analistas creen que los errores de Carter al intentar solucionar la crisis desempeñaron un papel importante en su derrota.

La Cámara de Representantes estadounidense dirigió un mensaje a Irán instándole a reconsiderar el problema de los rehenes. El Parlamento contestó que EE.UU. debía asumir las responsabilidades financieras y económicas derivadas de las acciones de Mohammad Reza Pahlevi: devolución de los fondos del Sah, cancelación de las demandas contra Irán, descongelamiento de los cuantiosos fondos iraníes en bancos estadounidenses y la promesa de no intervenir en los asuntos internos iraníes. Ronald Reagan, el candidato presidencial republicano, aseguró que aceptaría tres de esas condiciones y dejaría la decisión sobre los fondos a nombre del Sah en manos de los tribunales.

Los rehenes fueron enviados a la base aérea de Fráncfort del Meno en la RFA, donde fueron recibidos por el ya ex-presidente Jimmy Carter (como emisario de la administración Reagan), y desde allí tomaron un segundo vuelo a Washington DC, donde recibieron la bienvenida como héroes.




Supuesta participación de Mahmud Ahmadineyad


Algunos rehenes han reconocido a Mahmud Ahmadineyad -elegido como Presidente de Iran en 2005- como uno de los asaltantes. Ahmadineyad era entonces estudiante universitario en Teherán y miembro de la organización estudiantil que planificó la toma de rehenes pero, según su entorno, estaba más preocupado en atacar a los soviéticos que a los estadounidenses. El líder de los estudiantes que irrumpieron el 4 de noviembre de 1979 en la Embajada, aseguró que el presidente electo se opuso: "No formó parte de nuestro grupo. No tuvo ningún papel en el ataque, y mucho menos en la seguridad".



Crisis nuclear


La falta de entendimiento entre ambos países no se ha disipado todavía. Actualmente, las relaciones diplomáticas entre EE.UU. e Irán están marcadas por el programa nuclear de la República Islámica, que es visto con desconfianza por las potencias occidentales.

La crisis diplomática mundial se desató en agosto de 2005, cuando el gobierno de Mahmud Ahmadineyad estableció el reinicio del enriquecimiento de uranio, en contra del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Dicha crisis tuvo por un lado al gobierno de EE.UU. de George Bush, que centró su acción diplomática en obtener el apoyo internacional para imponer sanciones económicas a Irán, e incluso, para un probable ataque militar al programa del país islámico, por considerar que el objetivo del mismo es el desarrollo de armas nucleares.

Por el otro lado, el gobierno de Ahmadineyad, junto con el sector conservador de la política iraní, utilizó el citado programa como una plataforma política de su gobierno y lo transformó en una cuestión nacional, afirmando que Irán tiene necesidades energéticas suficientes para continuar con el desarrollo de su energía atómica y que el fin del programa es exclusivamente civil y no militar.

Como primer paso, el hecho de que responsables de EE.UU. e Irán hayan vuelto a compartir mesa de diálogo multilateral en Ginebra, es un acercamiento positivo para que se puedan descongelar las relaciones. No obstante siguen los desacuerdos y los incumplimientos por parte de Teherán que ya fue acusado por la OIEA de obstaculizar las inspecciones de sus actividades nucleares.

Irán no cooperó todo lo necesario para permitir a la agencia confirmar que todo su material nuclear es para actividades pacíficas".


Las repetidas objeciones de Teherán sobre la designación de inspectores dificultan el proceso de verificación".


Teherán ya ha producido unos 2.800 kilos de uranio poco enriquecido, suficiente para construir entre dos y tres bombas nucleares. EEUU y sus aliados occidentales acusan al régimen de Mahmud Ahmadineyad de trabajar en un programa militar clandestino. El OIEA investiga desde hace siete años las actividades nucleares de la República Islámica, sin poder dar a la comunidad internacional garantías sobre las intenciones pacíficas del país. El Consejo de Seguridad de la ONU ha adoptado ya cuatro rondas de sanciones diplomáticas, comerciales y nucleares contra Irán.








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