Héroes individualistas, justicieros, que se enfrentan solos ante la adversidad, símbolo inequívoco de la lucha del hombre ante la muerte, ante los tiranos, ante los opresores, luchan por su vida, la libertad y la gloria…

Hay algo de fascinante en la tauromaquia, es el juego del cazador y el cazado, es la sangre, el descontrol, miedo y adrenalina que se siente proveniente del toro desesperado e impotente al momento de enfrentarse a la muerte, el toro es un animal que nunca le teme a nada y verlo allí lleno de pavor es algo que muy pocos tienen oportunidad de ver.

Al principio te tapas los ojos, hay novatos que hasta vomitan, del toro casi puedes oler su sange, al principio te da asco pero luego lo disfrutas, la masa grita, sientes la euforia del público, te identificas con la soberbia altanera y despreciante del torero versus la patética humillación del vencido, tus ojos se abren, tus pupilas se dilatan, tu corazón late apresuradamente, tragas saliva sediento, terminas respirando con la boca abierta, te muerdes la lengua, muestras tus dientes, sonries, te liberas… es una sensación sádica, demoniaca, gozadora, única, especial, te llama, te envuelve, te domina, te llena, es como perderle el miedo al desafío y la muerte, no se… no puedo explicarla como verdaderamente quisiera, es una experiencia maravillosa y especial tan humana y sublime como perversa, es nuestra herencia, la esencia misma de nuestra humanidad.

Es una experiencia mounstruosa, si… lo se, ¿pero quien de nosotros no es un mounstruo?, ser humano es ser depredador, así evolucionamos y nos desligamos de la bestia, la bestia sigue allí dormida… ¡pero no muerta!, evolucionamos por competencia contra otras especies, triunfamos, la tauromaquia nos lo recuerda, sino fuésemos la especie animal mas sanguinaria de ese planeta hoy no tendríamos lenguaje, pensamiento, raciocinio, etc. “Nuestra adultez es incluso un proceso de duelo, placer y muerte”.

Yo viví una época donde el torero era el héroe representante del pueblo humilde, por lo general los toreros no eran nobles ni pertenecientes a la aristocracia, eran gente muy pobre que se dedicaban con heroicidad y nobleza a hacer un espectáculo, héroes individualistas, justicieros, que luchaban solos ante la adversidad y ante un enemigo superior e invencible, símbolo inequívoco del bien versus el mal, de la lucha del hombre ante la muerte, ante los tiranos y opresores, luchaban por su vida, la libertad y la gloria… los toreros representaban la búsqueda de la inmortalidad por medio del recuerdo de quienes lo vitorearon en sus nobles faenas llenas de dignidad, virilidad, fiereza y desafío, la lucha de la gente común por sobrevivir ante las adversidades de la vida y la inmisericorde llegada de la muerte, el torero lo daba todo y arriesgaba su vida por brindarle felicidad al público que proyectaba en el sus carencias y debilidades en la búsqueda diaria por alcanzar nuevas victorias… el las asumía, las recogía, las abrazaba y “vencía”.